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    El territorio de la Comunidad Valenciana coincide en su mayor parte con el del histórico Reino de Valencia, el cual a lo largo de la historia ha recibido diversas denominaciones: así, a finales del siglo XIX se conocía como Región Valenciana y a partir de la década de 1960 se ha venido empleando la forma no oficial (aunque se cite, junto a la denominación Reino de Valencia, en el preámbulo del Estatuto de Autonomía) de País Valenciano. También se usa por abreviar, Valencia, aunque este último puede llevar a confusión con la ciudad de Valencia o con la provincia de Valencia.

    Su territorio, con capital en Valencia, está situado en el este y sureste de la península ibérica. También forma parte del territorio valenciano el archipiélago de las islas Columbretes, la Isla de Tabarca y otras islas menores e islotes cercanos a la costa, además del Rincón de Ademuz, un exclave separado totalmente del resto del territorio valenciano por el municipio conquense de Santa Cruz de Moya al sur, y al norte por el municipio turolense de Arcos de las Salinas. Tiene una superficie de 23.255 km², siendo la 8ª autonomía más extensa de España. Está formada por las provincias de Alicante, Castellón y Valencia, y limita al norte con Cataluña y Aragón, al oeste con Castilla-La Mancha y Aragón, y al sur con la Región de Murcia.

    Prehistoria

    Artículo principal: Prehistoria en la Comunidad Valenciana

    Localización de algunos de los yacimientos más importantes del Paleolítico y Epipaleolítico en la Comunidad Valenciana.

    Escultura íbera de la Dama de Elche.

    Los primeros vestigios de poblamiento humano encontrados en la actual Comunidad Valenciana datan de hace 250 000 años (finales del Paleolítico Inferior), siendo los más antiguos encontrados hasta ahora los del yacimiento de Bolomor (Tabernes de Valldigna, Valencia); muy posiblemente, la presencia humana en la región date de más tiempo, pues se han encontrado restos de homínidos en otras partes de la península ibérica con 800 000 años de antigüedad (hombre de Atapuerca).

    En el Paleolítico Medio (del 100.000 al 35.000 a. C.), el número de yacimientos aumenta a lo largo de la región. En la Cova Negra de Játiva (con pinturas rupestres) y en El Salt (Alcoy) se han recuperado restos del hombre de Neandertal datando de entre el 60 000 y el 30 000 a. C., fecha esta última en la que fue finalmente reemplazado por el Hombre moderno (Homo sapiens sapiens).

    El Paleolítico Superior y el Mesolítico están bien representados en la región, pudiéndose citar las cuevas de Parpalló y Malladetes en Gandía para el primer periodo y la Cueva de la Cocina (en el macizo del Caroig, suroeste de la provincia de Valencia) para el segundo.

    El Neolítico llegó a la Comunidad Valenciana hacia el 5.000 a. C.; la aparición de la agricultura y la ganadería, de origen foráneos, supuso una transformación en la ocupación y la explotación del territorio. El hábitat en cuevas, característico del Neolítico inicial y atestiguado en La Sarsa (Bocairente) y la Cueva del Oro (Beniarrés), fue dejando paso a los primeros poblados en las tierras llanas.

    Hacia el 2.500 a. C. se inicia la metalurgia en la región, que muestra influencias y contactos del sudeste peninsular. El tamaño y la ubicación de los poblados, ahora en las laderas de las montañas, refleja una progresiva complejidad social. Del 1.000 a. C., en la Edad de Bronce tardía, data el poblado del Cabezo Redondo, cuyos habitantes acumularon el llamado tesoro de Villena, que representa el mayor conjunto de orfebrería de la prehistoria de la península ibérica.

    Época antigua

    El guerrero de Mogente, escultura ibérica contestana del siglo IV o V a. C.

    Pueblos prerromanos

    Véase también: Época ibérica en la Comunidad Valenciana
    El pueblo autóctono de la Comunidad Valenciana que se distingue frente a los posteriores colonizadores semíticos, griegos y romanos fueron los íberos, que se consolidaron en toda la fachada mediterránea comprendida entre el sur de Francia y el este de Andalucía. Al contrario de otras partes de España, en la región no hubo presencia celta.

    Los íberos se dividían a su vez en diversos pueblos; en la zona sur de la Comunidad habitaban los contestanos, en el centro los edetanos, y en el norte los ilercavones. Aunque se conocen mal sus diferencias y similitudes, se sabe que estos tres pueblos íberos usaban la escritura en signario ibérico nordoriental.

    Contestanos, edetanos e ilercavones mantuvieron relaciones comerciales marítimas con fenicios, griegos, y cartagineses, fundando los fenicios en la costa de la actual Guardamar del Segura la colonia de Herna.

    La etapa romana

    Véase también: Hispania romana
    Según el tratado del Ebro firmado entre Roma y Cartago en el 226 a. C., las dos potencias mediterráneas se repartieron sus zonas de influencia respectivamente al norte y al sur del río Ebro. Con la fundación de Carthago Nova (Cartagena) por los púnicos en el 227 a. C., comienza una colonización progresiva cartaginesa del levante peninsular.

    Primera división de Hispania en dos provincias: Citerior y Ulterior

    División provincial de Augusto

    División provincial de Diocleciano en 298.

    El ataque cartaginés en el 219 a. C. a la ciudad íbera de Sagunto, aliada de la colonia griega de Massilia e indirectamente de Roma, fue el pretexto que sirvió de desencadenante para la segunda guerra púnica entre cartagineses y romanos. Hispania se convirtió en uno de los teatros de las operaciones militares, lo que provocó que las tribus locales debiesen de pronunciarse como aliadas de una u otra potencia, mientras que se producía por primera vez la llegada de tropas romanas a Hispania y, tras la victoria romana en el 202 a. C., todo el litoral mediterráneo acabó sometido a la autoridad militar de Roma.

    Bajo el dominio romano, los íberos se fueron integrando paulatinamente en la nueva organización política, económica y social y adquiriendo el latín como lengua; no existe constancia de revueltas indígenas como las que hubo en otras zonas íberas de España. La fundación, en el año 138 a. C. de Colonia Valentia Edetanorum, siendo cónsul romano Décimo Junio Bruto, dio origen a la ciudad de Valencia, mientras que la colonia íbera de Hélike fue ocupada y rebautizada como Colonia Julia Illici Augusta en el 27 a. C; estas dos fueron las únicas colonias romanas en la Comunidad.

    Las ansias de la población autóctona de conseguir títulos romanos, tanto para las personas como para las ciudades, llevó a la división de la sociedad en clases. Las primeras ciudades en conseguir estatus jurídicos importantes fueron: Valentia, Illici Augusta (Elche), Saguntum, Bisgargis (¿el Forcall?), Edeta (Liria), Lucentum (anteriormente Leucant, Alicante), Saetabis Augusta (anteriormente Sitib, Játiva) y Dianium (Denia). A pesar de ello, las subdivisiones administrativas romanas de la Tarraconensis respetaron, en cierta medida, la anterior presencia territorial íbera de cada respectiva tribu, con las gobernaciones de Edetania, Contestania, e Ilercavonia.

    Edad Media

    Visigodos y bizantinos

    Véase también: Hispania visigoda
    El paso de los bizantinos y visigodos duró desde principios del siglo VI hasta principios del VIII, tiempo en el que la mayor parte del territorio estuvo sujeto al reino visigodo de Toledo, siempre envuelto en conflictos dinásticos y políticos, mientras que áreas del centro y sur estaban bajo dominación del Imperio bizantino (antiguo Imperio romano de Oriente), integradas en la Provincia de Spania, hasta su expulsión definitiva de la península en el 620. Parece también probable la existencia desde inicios del siglo VIII (año 713) de un Reino de Tudmir. No obstante, apenas existen pruebas arqueológicas de la presencia visigoda y bizantina.

    La etapa de Al-Ándalus

    Véanse también: Conquista musulmana de la península ibérica y Al-Ándalus.
    Las fuerzas del Califato Omeya entraron en España el 711 y batieron rápidamente a los visigodos; Abd al-Aziz, hijo del jefe de las fuerzas omeyas, pactó con Teodomiro, un conde visigodo establecido en Orihuela, por el que se le reconocía el señorío sobre la zona a cambio de aceptar la soberanía de los Omeyas y de pagar tributos. Se trató de un territorio cristiano autónomo dentro de Al-Ándalus, que contenía a la provincia de Alicante y parte de las de Valencia, Murcia y Albacete, y que se mantuvo hasta el 779, cuando la ciudad de Valencia se sublevó y fue destruida por Abderramán I. Desde entonces, la llegada de nuevos pobladores árabes y bereberes, y la creciente conversión de cristianos al Islam, permitió un mayor control del territorio por parte del Emirato de Córdoba. Aun así, hasta el siglo X (con las islamizaciones de Abderramán III) la población valenciana siguió siendo mayoritariamente cristiana.

    Los reinos de taifas en el 1031

    Tras la muerte de Almanzor en el 1030, el Califato de Córdoba se descompuso, dividiéndose Al-Ándalus en una treintena de estados independientes, los primeros reinos de taifas. En la Comunidad Valenciana surgieron la Taifa de Denia, la Taifa de Valencia y la Taifa de Alpuente.

    En el 1065, Fernando I de Castilla atacó la ciudad de Valencia, retirándose sin haberla conseguido conquistar. La Taifa de Valencia fue incorporada seguidamente por la de Toledo, hasta que con ayuda castellana recuperó la independencia en 1076. En 1085, tras la conquista de Toledo por los cristianos y la muerte del rey de la Taifa de Valencia, fue elevado al trono de esta taifa Al-Qádir, el antiguo rey de la Taifa de Toledo, con la ayuda militar de Alfonso VI de Castilla.

    En esta situación confusa, Rodrigo Díaz de Vivar (apodado el Cid Campeador), un luchador mercenario castellano desterrado por el rey Alfonso VI de Castilla, hizo tributarias a las taifas de Albarracín y Alpuente, y se dedicó a proteger a Al-Qádir (aliado de los cristianos) de los ataques de la Taifa de Zaragoza y de las revueltas populares. Sin embargo, tras una revuelta proalmorávide en Valencia, Al-Qádir fue asesinado, lo que llevó al Cid a conquistar la ciudad en junio de 1094. Tras su muerte en 1099, los almorávides tomaron el control de toda la Comunidad en el 1102, a pesar de la resistencia ofrecida por los lugareños cristianos establecidos con la ayuda de la Corona de Aragón y del ejército del Cid. A mediados del siglo XII, fueron desplazados por los almohades.

    Desde el punto de vista económico, las tierras de la región valenciana fueron hasta el siglo XI rurales, sin centros urbanos importantes. Fue a partir del califato y, sobre todo, de los primeros reinos de taifas, cuando aparecieron los sistemas de regadío de la región, como la Huerta de Valencia, la Vega Baja del Segura o las huertas de Elche y Alicante. La demanda de productos de lujo por la clase dominante en los reinos de taifas impulsó la actividad artesanal y el comercio. En Játiva fue donde se estableció la primera fábrica de papel de todo Occidente.

    Aunque la presencia musulmana se alargó durante ocho siglos, en un contexto generalmente pacífico, hay pocos restos arquitectónicos de la época, ya que los cristianos aprovechaban la infraestructura existente para construir sobre ella, pero abundan las piezas de orfebrería, cerámica, etc., y, sobre todo, han perdurado sus sistemas de regadío y el Tribunal de las Aguas de Valencia.

    Formación cronológica del Reino de Valencia y de la actual Comunidad Valenciana. Los territorios adquiridos entre 1232 y 1245 fueron conquistados a los musulmanes por Jaime I de Aragón; el valle de Ayora y la mitad sur de la provincia de Alicante fueron originalmente conquistados por el Reino de Castilla, y fueron cedidos al Reino de Valencia entre finales del siglo XIII y principios del XIV. La villa de Caudete, isla del Reino de Valencia en territorio manchego, pasó a pasar administrativamente a Castilla a principios del siglo XVIII. Las comarcas de Villena y de Requena-Utiel pertenecieron durante todo el Antiguo Régimen a la Corona de Castilla, pero fueron incluidos en las provincias de Alicante y de Valencia tras la nueva división territorial de España de mediados del siglo XIX

    Extensión y estructura del Reino de Valencia durante la época foral

    Baja Edad Media

    Véanse también: Conquista de Valencia por Jaime I, Reino de Valencia y Baja Edad Media en España.
    Tras haber sido la cuna de la cultura íbera, y receptora de diferentes culturas antiguas, la historia del territorio de la actual Comunidad Valenciana está especialmente vinculada a la fundación del Reino de Valencia. Tras la derrota de los musulmanes en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), se produjo el derrumbamiento del estado almohade, dividiéndose su territorio en los Segundos reinos de taifas; en la región valenciana, surgieron la Taifa de Balansiya, la Taifa de Denia, y la Taifa de Murcia.

    En el año 1232 el rey aragonés Jaime I el Conquistador inició la conquista del territorio valenciano, estructurándolo como un reino autónomo dentro de la Corona de Aragón, contra el deseo de los nobles aragoneses que le habían apoyado, que querían verlo integrado dentro del reino de Aragón. Tras ir conquistando por medio de las armas el norte del futuro reino, en 1238 tomó Valencia sin llegar a batallar. En 1244 firmó el tratado de Almizra con Fernando III de Castilla, en la que se fijaban los límites meridionales del Reino de Valencia a través de la línea Biar-Busot. Por su parte, el infante Alfonso, futuro Alfonso X el Sabio, conquistaba Alicante para la Corona castellana en 1248.

    Los mudéjares, con el caudillo Al-Azraq en cabeza, encabezaron varias revueltas en el norte de la provincia de Alicante entre 1247 y 1275, que fueron aplastadas y sirvieron para expulsar a población musulmana y aumentar la repoblación cristiana. Por su parte, en 1296 Jaime II de Aragón supo aprovecharse de las luchas dinásticas de la Corona de Castilla para conquistarle el Reino de Murcia, anexionándose al Reino de Valencia los dos tercios sur de la provincia de Alicante tras la Sentencia Arbitral de Torrellas (1304) y el tratado de Elche (1305). Estos territorios tuvieron un estatus especial, conservando parte de las instituciones castellanas, bajo la forma de Procuración o Gobernación General de Orihuela. El valle de Ayora pasaría también de la Corona de Castilla a la de Aragón en 1281.

    El año 1283 Pedro III de Aragón autorizó la instalación del Consulado del Mar en Valencia, siendo el primero de España.

    El reino de Valencia, al principio de mayoría musulmana mudéjar, empezó a ser colonizado con la repoblación de cristianos del interior de Reino de Aragón que, junto con los judíos, dio como resultado una sociedad multiconfesional y multicultural, siendo los cristianos quienes tenían plenos derechos en comparación con el resto de las culturas. Estos mismos crearon las bases de un sistema económico aprovechando las infraestructuras andalusinas existentes (azudes, bancales, sistemas de riego, mezquitas, torres de vigilancia etc.), así como los productos agrícolas asentados (cítricos, arroz, chufa, hortalizas, palmeras, etc). El proceso de poblamiento del Reino de Valencia fue un proceso largo que no acabará hasta el siglo XVII, tras la expulsión de los moriscos. La población del Reino de Valencia, desde el principio, era de origen diverso.

    A pesar de compartir rey y cultura con el resto de territorios hispánicos de la Corona de Aragón, el rey Jaime el Conquistador, al igual que hizo con el Reino de Mallorca, instauró los fueros de Valencia, fundando de esta manera un reino con identidad política propia, con sus propias instituciones, administración, y aranceles, como demuestran los hechos que se recogen en el actual registro de cuentas del Reino de Valencia, guardados en el Archivo del Reino de Valencia.

    Tras la mortífera peste negra de 1348 y una estéril guerra con Castilla (la llamada guerra de los dos Pedros), a partir de 1370 comenzó una etapa de prosperidad que alcanzaría su máximo esplendor en el siglo XV, considerado como el Siglo de Oro valenciano.

    Época moderna
    Siglo XV

    La Lonja de Valencia, obra maestra del gótico civil realizada durante el Siglo de Oro valenciano

    El Reino de Valencia fue uno de los pilares de la corona aragonesa, financiando económicamente la expansión de la Corona de Aragón durante los siglos XV y XVI. Gracias al comercio marítimo con los nuevos territorios extra hispánicos de la Corona aragonesa (Cerdeña, Sicilia, Nápoles, etc.), y la creación de la Taula de Canvis (la primera bolsa de valores de la historia), durante el siglo XIV el Reino alcanzó un notable desarrollo económico, al que a menudo se califica como el Siglo de oro valenciano. Esta época coincide, además, con una explosión literaria notable en valenciano, siendo una de las primeras sociedades de España en entrar en el Renacimiento, con importantes escritores, humanistas, y filósofos. En 1469, Valencia era la ciudad más poblada de la Península, con una población de 40.000 a 70.000 habitantes; el reino contaba entonces con unos 250.000 habitantes. En 1501, el papa Alejandro VI, de ascendencia valenciana, otorgó la bula fundacional de la Universidad de Valencia.

    Con la entronización del castellano Fernando de Trastámara como rey de Aragón en 1412, los lazos entre las coronas castellana y aragonesa fueron estrechándose paulatinamente, alcanzándose la unión de las dos coronas con el triunfo en 1479 de Isabel I de Castilla, casada con Fernando I de Aragón, en el Conflicto por la sucesión de Enrique IV de Castilla. Sin embargo la unión de las coronas no significó una unión política, ya que los reinos de la corona de Aragón y el reino de Castilla siguieron con su identidad política y sus cortes. La unión de ambas coronas se deshizo tras la muerte de Isabel de Castilla para volverse a unir con Carlos I.

    Siglos XVI y XVII

    La llegada al poder de Carlos I de España en 1518 dio lugar a importantes conflictos sociales como las revueltas de las Germanías de los gremios y agricultores valencianos contra diversos virreyes y lugartenientes.

    Embarque de moriscos en el Grao de Valencia

    Otro problema importante fue la drástica reducción demográfica, hasta un tercio de la población, como consecuencia de las diferentes expulsiones de judíos (en 1492) y moriscos (en 1609) del Reino, lo cual hizo que su economía entrase en una grave crisis debido, principalmente, a la falta de mano de obra barata que había con la población morisca valenciana (denominados «tagarins»), y a la fuga de capitales y activos acumulados por los sefarditas. Precisamente, el gran número de moriscos que había en el Reino de Valencia (con gran diferencia, era donde más había de toda España, con cerca de 110.000), su poca integración con el resto de la sociedad y la ayuda que procuraban a los piratas berberiscos, que estuvieron asolando las costas valencianas hasta bien entrado el siglo XVII, fue una de las causas que originaron el decreto de la expulsión de los moriscos, que se cumplió con gran severidad en toda España. El norte de la provincia de Alicante se quedó, a raíz de esto, prácticamente completamente despoblado.

    Los efectos de las Germanías, la reducción demográfica tras las expulsiones de las minorías, los continuos ataques turco-argelinos contra la costa, y, en gran medida, la desviación de la economía mundial hacia el Atlántico en detrimento del comercio mediterráneo (a raíz del descubrimiento de América), fueron desdibujando el peso de la región valenciana en el conjunto de España. Por otro lado, en consononcia con el aumento del autoritarismo del resto de las monarquías europeas, se produjo todo lo largo de los siglos XVI y XVII un progresivo reforzamiento del poder real; así, las aristocráticas Cortes forales valencianas fueron por última vez convocadas en 1645.

    En el plano cultural, destaca el aumento del prestigio del castellano, produciéndose desde principios del siglo XVI un abandono casi total del valenciano como lengua de cultura. Así, uno de los escritores valencianos más reconocidos de la Edad Moderna, Guillén de Castro, fue un gran dramaturgo en lengua castellana.

    Siglo XVIII

    Véanse también: Ilustración política en España y Guerra de sucesión española en el Reino de Valencia.
    A partir de 1680 tuvo lugar una revitalización de la economía valenciana. Sin embargo, fue parada por la guerra de sucesión española que enfrentó a Felipe V de Borbón, ascendido al trono en 1701, con el archiduque Carlos de Austria, pretendiente también al trono español y cuyos partidarios se alzaron a su favor en 1705. El Reino de Valencia se pronunció mayoritariamente (salvo excepciones como Alicante, Jijona o Bañeres) a favor del pretendiente austriaco, por lo que la región fue escenario de numerosas operaciones militares: finalmente, tras la batalla de Almansa librada en 1707, Felipe V hizo efectivo su reinado sobre la región valenciana, favoreciendo a las ciudades y grupos sociales que se habían mantenido fieles. Siguiendo el modelo absolutista francés de Luis XIV, Felipe V desmanteló las estructuras del Reino de Valencia mediante los Decretos de Nueva Planta, integrándolas en un mismo modelo con las del reino de Castilla como, posteriormente, se realizó con las de los demás reinos de la Corona de Aragón. Las reformas borbónicas dividieron también el antiguo Reino de Valencia en trece gobernaciones o corregimientos: Morella, Peñíscola, Castellón, Valencia, Alcira, Cofrentes, Játiva, Montesa, Denia, Alcoy, Jijona, Alicante y Orihuela.

    Durante el siglo XVIII la región mantuvo un crecimiento económico modesto pero constante, principalmente agrícola, extendiéndose la superficie de regadío (mediante la canalización de las aguas fluviales y la desecación de zonas pantanosas), roturándose zonas improductivas y abancalando las laderas de las montañas.

    Época contemporánea

    Siglo XIX

    La Guerra de Independencia Española frente a los invasores franceses (1808-1814) fue dañina para la economía valenciana, aunque menos que en otras regiones de España. Durante la Primera Guerra Carlista, la provincia de Castellón (descontando la capital), especialmente el Maestrazgo y la localidad de Morella, fue uno de los principales baluartes de los guerrilleros carlistas, coordinados por el general Cabrera.

    En 1833, con la nueva organización territorial liberal, la región valenciana fue dividida administrativamente en las provincias actuales de provincia de Alicante, Valencia y Castellón, conservando salvo excepciones (el condado de Villena y Requena-Utiel) los límites del histórico reino de Valencia. Durante el siglo XIX, se siguió ampliando las superficies agrícolas, en principio relacionadas con el cultivo de la viña, el arroz, las naranjas, y el almendro. La revolución industrial, como en la mayor parte de España, fue incompleta y retrasada, pero el establecimiento de Sagunto como gran centro portuario-siderúrgico, las industrias textiles de Alcoy y la aparición de pequeñas empresas a lo largo de la Comunidad permitieron un despegue industrial a partir de finales del siglo XIX.

    Siglo XX

    Véanse también: Segunda República Española, Guerra civil española y Franquismo.
    A principios del siglo XX, la emigración fue menos importante que en otras regiones españolas, dirigiéndose en gran parte y como característica peculiar hacia la Argelia francesa; esta había empezado ya en este sentido desde las provincias de Alicante, Murcia y Almería tras las sequías de 1830-1840.

    Durante la Segunda República Española, se redactaron diversas propuestas para un Estatuto de Autonomía, aunque ninguna llegó a aprobarse. El 20 de julio de 1936 se constituyó, en el contexto de la Revolución Española de 1936, el Comité Ejecutivo Popular de Valencia, una forma de gobierno regional integrado por las fuerzas del Frente Popular y los sindicatos CNT y UGT. El 23 de julio del mismo año el gobierno de Madrid decretó su desaparición sin conseguirla, siendo finalmente el día 31 del mismo mes, legalizado y regulado por la República. Durante este período se incautó y colectivizó el 13% de la superficie de cultivo, formándose 353 colectividades, 264 dirigidas por la CNT, 69 por la UGT y 20 de manera mixta CNT-UGT. Uno de sus principales desarrollos será el Consejo Levantino Unificado de Exportación de Agrios (conocido por sus iniciales, CLUEA). Pese a sus orígenes independientes, el 2 de noviembre aprobó un cambio en su programa de actuaciones, subordinándose al gobierno central. El CEP de Valencia se disolvió el 8 de enero de 1937.

    El 7 de noviembre de 1936, el gobierno de la República se trasladó a Valencia, convirtiéndose hasta el 31 de octubre de 1937 en la capital de la España republicana. Durante la guerra, la Comunidad Valenciana estuvo completamente bajo dominio republicano hasta abril de 1938, en que las tropas franquistas conquistaron Vinaroz, partiendo así en dos la zona republicana. Las provincias de Valencia y Alicante fueron unos de los últimos reductos de la República en el momento de la victoria franquista en abril de 1939.

    Después del paréntesis autárquico de 1939 a 1958, la sociedad y economía valencianas empezaron a presentar un gran dinamismo durante el tardofranquismo. Surge un nuevo sector económico que prácticamente sustituye a la agricultura como la principal fuente de ingresos, el turismo, mientras que la industria se desarrollaba de forma notable, principalmente a través de pequeñas y medianas empresas. El crecimiento económico fue parejo a un avance demográfico considerable, fruto del baby-boom y de movimientos migratorios nacionales, principalmente desde Castilla-La Mancha, Andalucía y Aragón.

    Transición y democracia

    Véanse también: Transición española y Elecciones a las Cortes Valencianas.
    Con la Transición, las provincias de Castellón, Valencia y Alicante se convertirían en graneros del voto socialista hasta los años 90. Tras el establecimiento en la Constitución española de 1978 del Estado de las Autonomías, se aprobó un Estatuto de Autonomía para la Comunidad Valenciana en 1982, con un gobierno regional, la Generalidad, que asegura una administración propia en aspectos como la Sanidad o la Educación.

    Distribución geográfica del crecimiento de la población española entre 1981 y 2005

    Aunque su Estatuto de Autonomía de 1982 se hizo por el artículo 143 de la Constitución Española de 1978, posteriormente se aprobó en 1987 una ley que lo equiparaba competencialmente a las denominadas nacionalidades históricas (Ley Orgánica de Transferencia de Competencias de Titularidad Estatal a la Comunidad Valenciana, abreviadamente, LOTRAVA). Posteriormente, el Estatuto de Autonomía valenciano sufriría dos reformas, una en 1992 para incluir todas las competencias adquiridas por la LOTRAVA, y otra en 2006, de mayor calado, con competencias nuevas, y en la que se declara la Comunidad Valenciana como nacionalidad histórica en el primer artículo, siguiendo a otras comunidades que lo habían hecho con anterioridad.

    La Generalidad Valenciana estuvo ocupada entre 1982 y 1995 por Joan Lerma, del PSOE, y tras este por Eduardo Zaplana (1995-2002), José Luis Olivas (2002-2003), Francisco Camps (2003-2011) y Alberto Fabra (2011-2015) del Partido Popular. En las elecciones autonómicas del 24 de mayo de 2015 Ximo Puig

    Desde la adquisición de la democracia, la economía y la demografía valencianas han crecido a un ritmo mayor que el nacional, constituyendo en el 2005 un 10,64% de la población española (la cuarta región del país por población) y siendo en el 2006, junto a la Comunidad de Madrid, la segunda comunidad autónoma que más productos exporta al extranjero.

    Conflicto lingüístico valenciano

    Artículo principal: Conflicto lingüístico valenciano
    El conflicto lingüístico valenciano, también llamado Guerra de la Lengua en sus periodos más críticos,[cita requerida] parte del ocasionalmente encarnizado debate socio-político sobre la condición última del valenciano, ya sea como una lengua individual —postura que defienden los partidos políticos y grupos sociales afines al blaverismo valenciano—, o bien se trata de una variedad dialectal del catalán, como afirman, basándose en criterios estrictamente lingüísticos, quienes afirman la unidad de la lengua.[cita requerida] Si bien a nivel lingüístico la condición del valenciano como dialecto del catalán está ampliamente demostrada —según un reciente dictamen de la Academia Valenciana de la Lengua (organismo oficial encargado desde 2001 de elaborar la normativa ortográfica y gramática del valenciano) asumido por la Generalidad Valenciana, catalán y valenciano pertenecen al mismo sistema lingüístico (o en palabras textuales son una misma lengua)—, también subsiste una puja sobre la denominación de la lengua, ya que el término valenciano en los territorios del antiguo Reino de Valencia es tradicional ya desde el siglo XV.

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    Castilla la Vieja

    Castilla la Vieja fue el nombre de una de las antiguas regiones clasificatorias en que se subdividía España antes del régimen autonómico actual; fue oficialmente creada con la división provincial de 1833. Correspondía a la zona norte del antiguo Reino de Castilla, al norte del Sistema Central. Aunque sus límites variaron a lo largo del tiempo, su territorio se correspondió durante la mayor parte de su existencia con el de las provincias de Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia.n 2​ Las provincias que formaban Castilla la Vieja coinciden con las que actualmente forman las comunidades autónomas de Castilla y León (menos León, Zamora y Salamanca, que juntas formaban la Región de León), Cantabria y La Rioja.

    Ámbito territorial

     

    España dividida según acostumbran los geógrafos, por Tomás López, 1757, Biblioteca Nacional de España.

     

    España y Portugal, por V. Beckers, 1850, Biblioteca Nacional de España, con la división provincial de Javier de Burgos y la provincia de Palencia incorporada a León.
    Dependiendo del momento histórico estuvo constituida por las provincias de Ávila, Burgos, Logroño (desde 1980, La Rioja), Segovia, Soria, Santander (desde 1980 Cantabria), Palencia y Valladolid. Así la división territorial de España en provincias de 1833 establecía que «Castilla la Vieja se divide en ocho provincias, a saber: Burgos, Valladolid, Palencia, Ávila, Segovia, Soria, Logroño y Santander», si bien las regiones mencionadas en el Real Decreto de 30 de noviembre de 1833 por el que se creaban las provincias carecían de cualquier función jurisdiccional o administrativa, y no existía ningún nivel administrativo superior al provincial.

    Sin embargo, en el Proyecto económico, en que se proponen varias providencias, dirigidas á promover los intereses de España, con los medios y fondos necesarios para su plantificacion escrito en el año 1762 por D.Bernardo Ward, del Consejo de S.M y su Ministro de la Real Junta de Comercio y Moneda. Obra póstuma. Segunda Impresión. Joachim Ibarra. Impresor de S.M. impreso en 1779, Cantabria (o Montaña) y Rioja aparecen como regiones distintas a Castilla la Vieja. En la propuesta de división territorial de España se dice: «Se dividirá el Reyno en trece departamentos, que serán: 1º: Galicia, 2º: El Reyno de León y Asturias, 3º: Vizcaya, Cantabria, o Montaña, y Navarra, 4º: El Reyno de Aragón, 5º: Cataluña, 6º: Valencia, 7º: Murcia, 8º: Andalucía, 9º: Extremadura, 10º y 11º: Castilla la Vieja con la Rioja que por su extensión e importancia formará dos Departamentos: y asimismo 12º y 13º: Castilla la Nueva incluyendo la Mancha y la Alcarria.»

    Orígenes

    División durante el Antiguo Régimen.

    Sus orígenes están en la Castilla histórica que se formó en el siglo IX en el norte de lo que actualmente es la provincia de Burgos. Ya desde el siglo XIV se identificó el llamado Reino de Castilla o Castilla la Vieja con los territorios de la Merindad Mayor de Castilla y con los alfoces de la Extremadura castellana de la cara norte del Sistema Central; este reino, junto con el Reino de Toledo, formaba parte de Castilla.1​ 2​

    Ya hacia el siglo XVI al Reino de Castilla empieza a denominársele Castilla la Vieja y al de Toledo se le pasa a conocer como Castilla la Nueva; durante algún tiempo también se llamó Novísima Castilla a Andalucía. En el siglo XVIII, Carlos III asignaba al llamado reino de Castilla la Vieja las provincias de Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia (cuyos límites no coinciden con los actuales, ya que además en aquel entonces no existían ni la provincia de Santander (perteneciente en su mayor parte a la de Burgos y la de Toro) ni la provincia de Logroño (integrada casi por completo en las provincias de Soria y Burgos) y la franja norte de la actual provincia de Guadalajara estaba incluida en Soria; además las actuales comarcas toledanas de la Campana de Oropesa y la Sierra de San Vicente pertenecían a la provincia de Ávila.

    En plena Guerra de la Independencia española (1808-1814), la Junta Superior de León acordó convocar a diputados de Castilla y autoproclamarse Junta Superior de León y Castilla. La victoria en Bailén no acabó con los desacuerdos y la Junta Central aprobó un Reglamento de las Juntas Superiores Provinciales (1 de enero de 1809) con el fin de regular el movimiento insurreccional de las provincias.3​

    Constitución de 1812

    La Constitución española de 1812 reconoce la región:4​

    El territorio español comprende en la Península con sus posesiones e islas adyacentes: Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaén, León, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia, las islas Baleares y las Canarias con las demás posesiones de África…
    División territorial de 1833

    Mapa de la división provincial y regional de España en 1833.


    El Real Decreto del 30 de noviembre de 1833, reforma de Javier de Burgos, puso las bases de la división en provincias que con algunas modificaciones ha llegado hasta nuestros días; en ese decreto, aparte de las citadas (con sus límites actuales), las de Logroño y Santander eran atribuidas también a la región de Castilla la Vieja.5​Hacia 1850 las provincias de Valladolid y Palencia aparecerán en algunos mapas como pertenecientes a la región denominada Reino de León, quedando en Castilla la Vieja únicamente las de Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia y Ávila. Así en la Geografía general de España: comparada con la primitiva, antigua y moderna de Juan Bautista Carrasco (1861) el viejo Reino de León, con toda la tierra «conquistada por los reyes de Oviedo», comprendía las «Nuevas provincias creadas en 1833» de León, Palencia, Salamanca, Valladolid y Zamora, en tanto el Reino de Castilla, «comarca que hoy se distingue por Castilla la Vieja, libre de los árabes en el siglo IX», incluía las nuevas provincias de Ávila, Burgos, Logroño, Santander, Segovia y Soria.6​ Esta agrupación, sin carácter administrativo, que sufrió otros intentos de reforma durante el XIX, es la que ha perdurado en los libros y enciclopedias desde mediados del siglo XIX hasta superada la segunda mitad del siglo XX. Por ejemplo, las primeras ediciones del Espasa, las primeras de la Enciclopedia Británica y la popular enciclopedia escolar Álvarez establecían esta división de provincias entre Castilla la Vieja y León.

    Del Sexenio Revolucionario a la II República (1868-1936)

    Estados que compondrían la nación española según el proyecto de Constitución Federal de 1873

    Castilla la Vieja fue una de las regiones con derecho a nombrar un vocal en el Tribunal de Garantías Constitucionales de la II República
    Durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874), republicanos federales proyectaron crear un estado federado de 17 provincias llamado Federación Castellana en 1869 (Pacto Federal Castellano) y otro en 1873 (Proyecto de Constitución Federal de 1873), que hubiera comprendido once provincias: Ávila, Burgos, León, Logroño, Palencia, Salamanca, Santander, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora.7​

    Años después, en mayo de 1883, algunos republicanos de León redactaron con sus correligionarios de Valladolid la Constitución Federal de Toro.8​ Asimismo, también en ese mismo año se redactó la Constitución Republicana Federal del Estado Riojano.

    La Diputación Provincial de León acordó, el 13 de julio de 1914, apostar por la Mancomunidad Castellana «con el mayor número de provincias castellanas, procurando se denomine de Castilla y León».9​ En la década de 1920, las once provincias de Castilla la Vieja y León promovieron un único pabellón, llamado de Castilla la Vieja y León, en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929.10​ Desde inicios del siglo XIX, varias organizaciones de diversa índole surgieron por la inexistencia de una frontera en el conjunto regional denominado con los nombres históricos de Castilla la Vieja y León o uniendo a sus oriundos: Academia Médico-Quirúrgica de Castilla la Vieja (1830),11​ Asociación para el Fomento de la Agricultura y la Ganadería de Castilla la Vieja (1859), Colegio de Farmacéuticos de Castilla la Vieja (1865), Federación Agrícola de Castilla La Vieja (1901), Federación Veterinaria Regional de Castilla la Vieja y León (¿1920?), Casa de León y Castilla (1925), Copa de Castilla y León de fútbol (1925), etc. Cabe señalar que la quinta edición del Congreso de la Federación Agrícola de Castilla La Vieja (1906) tuvo lugar en la ciudad de León con patrocinio de su Diputación Provincial.12​

    Ya a principios del siglo XX se ve surgir cierta ola de regionalismo castellanoviejo promovido principalmente por escritores como el segoviano Luis Carretero Nieva, con su libro La cuestión regional de Castilla la Vieja (el regionalismo castellano). En 1918, Luis Carretero reconoció que la opción unitaria, la de Castilla la Vieja y León, usaba «un método fundamentalmente científico» y destacaba de ella «la capacidad intelectual».13​

    A principios del siglo XX, en 1906, el filósofo zamorano Pedro González García afirmaba que las fronteras entre la Castilla primigenia y León eran «meros accidentes de limitación histórica».14​

    Tras la proclamación de la II República en 1931, la Constitución otorgó a las regiones el derecho a conformarse en autonomías, dándose varios proyectos en Castilla la Vieja que no llegaron a ver la luz. En 1933, la Ley Orgánica del Tribunal de Garantías Constitucionales, de 14 de junio de 1933, recogía en su articulado que Castilla la Vieja era una de las regiones con derecho a nombrar un vocal en dicho Tribunal. Esta ley recogía la formación de Castilla la Vieja por las provincias de Ávila, Burgos, Logroño, Palencia, Santander, Segovia, Soria y Valladolid.15​16​17​ Finalmente, el vocal designado por Castilla la Vieja fue Pedro Jesús García, siendo elegido como suplente Vicente Rodríguez.18​ En mayo de 1933, pocos días antes de la aprobación de la Ley Orgánica del Tribunal de Garantías Constitucionales, un diputado por la provincia de León, Juan Castrillo Santos, defendió que las provincias de Valladolid y Palencia no dejaran de ser consideradas como parte de la región leonesa.19​

    Guerra Civil y Franquismo

    Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, Castilla la Vieja mantuvo durante el franquismo su reconocimiento oficial como una de las regiones de España, si bien, al tratarse de un Estado centralizado, no poseía ningún grado de autonomía administrativa.

    En julio de 1971, a iniciativa de los presidentes de las diputaciones de Burgos, León, Palencia y Segovia, se iniciaron una serie de reuniones de varias de las once diputaciones provinciales de Castilla la Vieja y León y se crearon varias ponencias de estudio en materia de asistencia sanitaria, atención de discapacitados, interconexión de redes de carreteras, plan turístico o creación de la mancomunidad castellano-leonesa.20​

    Periodo preautonómico y autonómico

    Castilla la Vieja con las nuevas divisiones; mapa de Auguste Henri Dufour de 1837.

    Tras el final de la Dictadura, se abrió un proceso de reorganización territorial del Estado que devino en la formación de las comunidades autónomas. De este modo, en 1983, Castilla la Vieja quedó integrada en su mayor parte dentro de la comunidad autónoma de Castilla y León, junto a las provincias que formaban la Región de León. No obstante, las antiguas provincias de Santander y Logroño no se integraron en esta autonomía, formando sendas comunidades uniprovinciales, denominadas Cantabria y La Rioja.

    Actualmente algunos grupos minoritarios, defienden su recuperación como comunidad autónoma independiente, segregada de la Región Leonesa. Entre ellos estaban el ya desaparecido Ciudadanos de Burgos por Castilla la Vieja (CIBu). [cita requerida]

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    Castilla la Nueva

    Castilla la Nueva es el nombre de una de las antiguas regiones españolas anteriores a la actual división en comunidades autónomas. Abarcaba las provincias de Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Madrid y Toledo,1​ es decir, como la actual Castilla-La Mancha más la Comunidad de Madrid, salvo la provincia de Albacete, que pertenecía en esa época a la Región de Murcia.

    Anteriormente a la división provincial de Javier de Burgos de 1833, gran parte del norte y del oeste de la actual provincia de Albacete pertenecía a la provincia de Cuenca (concretamente varias localidades del norte de Albacete, como Jorquera, La Roda o Villalgordo del Júcar) o a la provincia de La Mancha (como por ejemplo Alcaraz, Villarrobledo u Ossa de Montiel), y por tanto se incluía en Castilla la Nueva,2​ mientras que el resto pertenecía al reino de Murcia, en cuya región histórica se incluyó a partir de entonces.

    Evolución histórica

    Castilla la Nueva con las nuevas divisiones; mapa de Auguste Henri Dufour de 1837.
    Además, tras los reajustes de la división provincial de 1833 realizados en las dos décadas siguientes los municipios de Villena y Sax pertenecientes a la provincia de Albacete fueron asignados a la provincia de Alicante, en tanto que las tierras de la meseta de Requena-Utiel (hasta entonces provincia de Cuenca) pasó a formar parte de la provincia de Valencia.

    Junto a la antigua región de Castilla la Vieja, de la que la separa el Sistema Central, la región de Castilla la Nueva formaba la región histórica de Castilla.Los orígenes de Castilla la Nueva estuvieron en la Taifa de Toledo, reino musulmán conquistado a partir de la toma de Toledo en 1085 por el rey Alfonso VI de León y Castilla e incorporado como Reino de Toledo a las posesiones del rey de Castilla y León.

    Castilla la Nueva, igual que la mayor parte de las demás regiones históricas, no tuvo ninguna dimensión institucional más allá de la aparición de su nombre en los mapas.3​ Su existencia teórica no suponía ninguna unidad jurisdiccional ni circunscripción de ningún tipo, ni en el Antiguo Régimen (donde las unidades administrativas fueron los corregimientos e intendencias) ni en el Estado liberal (que creó la definitiva división en provincias). Tampoco fue objeto de ningún proceso autonómico durante la Segunda República Española (periodo en que se constituyó la autonomía de Cataluña y se impulsaron las del País Vasco y Galicia). El franquismo, que revirtió todos esos procesos, no dio a las regiones históricas, ni por tanto a Castilla la Nueva, ningún papel aparte de su aprendizaje escolar, la revalorización de algunas tradiciones folclóricas (trajes y danzas regionales) o la estructura territorial de algunas federaciones y competiciones deportivas.

    Castilla la Nueva en 1785. Obsérvese cómo la provincia de Albacete (excepto los Campos de Hellín y el Alto Segura) aparece como parte integrante de Castilla La Nueva.

    La Constitución española de 1978, aunque hacía referencia tanto a los términos de ‘región’ como el de ‘provincia’, preveía una estructura territorial llamada ‘comunidad autónoma’, en donde los dirigentes provinciales deberían realizar un proceso (denominado preautonómico) de constitución en dichos entes autonómicos, a partir de las siguientes elecciones generales y sobre todo las municipales de 1979, que constituyeron diputaciones provinciales basadas en los concejales obtenidos por los distintos partidos políticos en los nuevos ayuntamientos democráticos. La antigua región de Castilla la Nueva no fue tomada en consideración: la provincia de Madrid se transformó en una comunidad uniprovincial (Comunidad de Madrid), mientras que las restantes cuatro provincias junto con la de Albacete constituyeron la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.

    Comarcas

    La Alcarria

    Ya en la meseta destaca por su fuerte perfil la región de La Alcarria. En la margen izquierda del Henares, sus altos páramos o alcarrias descienden en faldas abarrancadas y sin vegetación, formando secas vaguadas o dejando paso a ríos cortados (Tajo, Tajuña).

    La delimitación comarcal de la Alcarria es imprecisa. Existe, además, una confusión entre el nombre «regional» (Alcarria, en singular)que designa a la zona comprendida entre el Henares y el Tajo frente a la Campiña (comprendida entre el Henares y el Jarama) y el nombre «topográfico» (alcarrias, en plural), que designa a los «llanos altos» que caracterizan el terreno.

    En una zona impregnada de mozarabismo como esta, no es de extrañar que su nombre provenga de un híbrido entre un artículo árabe «al» y otra del ibérico como «arri» piedra, «Al-carria» significaría el «camino de piedras».

    Brihuega más que Guadalajara, es el centro natural de esta región despoblada. Los cultivos como cereales, vid y olivo son hoy al igual que en la Edad Media los cultivos preferentes, complementándose a su vez con la ganadería.

    La Alcarria gozó de gran importancia por lugar estratégico en los siglos XIII; XIV y XV, pero ya entrado el siglo XVII esta comarca entró en decadencia, la abolición de la ganadería, la pérdida de montes y pastos, sustituidos por una pobre economía cerealista y la pérdida del valor estratégico marchando sus grandes casa nobiliarias a la Corte central, como en el caso de los Mendoza, marcaron su declive definitivo.

    Toledo

    Entre la Sierra, la alcarria y el Tajo se extiende el centro de la llanura toledana, que se continúa sin apenas modificar su aspecto árido y monótono en los interminables llanos de la Mancha.

    La cuenca media del Tajo ha sido el eje tradicional de esta zona, sede de su capital, Toledo, y de villas de importancia, como Talavera y Oropesa, situadas en la misma orilla del Tajo.

    Compiten en la actualidad Toledo y Talavera de la Reina, ya en el siglo XVII tenía Talavera la suficiente importancia como para ser incluida entre los seis principales centros ciudadanos de Castilla la Nueva.

    Sin embargo el crecimiento arrollador de la villa de Madrid ya desde fines del siglo XVI hizo que las ciudades toledanas quedaran convertidas en núcleos de escasa importancia ya en el temprano siglo XVIII.

    La Mancha

    Categoría especial merece la amplia región de la Mancha, que geográfica y estratégicamente depende de Ciudad Real, pues orográficamente la mayor parte de su extensión corresponde a la actual provincia de Ciudad Real (antaño, en la primera división administrativa, se creó la Provincia de La Mancha, la provincia de Ciudad Real actual) . Corresponde con lo que los romanos llamaron campo espartario y los árabes manxa —tierra seca—. Campo de batalla tradicional en la Reconquista, fue una gran «zona de nadie» entre las dos líneas defensivas de Sierra Morena y el Tajo. Cervantes acertó situando su fantástica caballeresca en el escenario de las más decisivas batallas de la Reconquista.

    La despoblación de la Mancha, debida a su constante inseguridad militar fue muy intensa y apenas se tuvieron en cuenta al repoblarla los viejos emplazamientos. Son ciudades «nuevas», creadas al amparo de órdenes militares como la de Calatrava y siguiendo el flujo de las líneas avanzadas. Carece, por ello, esta región del fuerte sabor celtibérico tradicional, [cita requerida] de las poblaciones toledanas y alcarreñas, que conservan no solo el aspecto, sino la toponimia y los característicos emplazamientos de los primitivos castros.

    Serranía y Meseta

    En resumen, la fisonomía regional de Castilla la Nueva viene determinada por la fuerte oposición entre las zonas serranas, ganaderas, cubiertas de monte o pinar, como el de Valsaín, y las muy diversas en economía, forma de vida y paisaje de la llanura de la Meseta, entre los que descuellan por su fuerte perfil la Alcarria y la Mancha.

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    ¿Cómo se formó el reino de Castilla y León?

    Castilla León al igual que todas las comunidades del norte como Galicia ,Astúrias ,cantábria, Navarra , Aragón y Cataluña sus inicios empezaron como pequeños reinos principados ,marcas y condados en las partes altas de las cordilleras cantábrica y pirineos zonas impenetrables y casi baldías de poco interés económico o estratégico por parte de las hordas musulmanas tras la larga decadencia del islam en los reinos musulmanes de taifas los reinos cristianos se fusionaron se hicieron fuertes y empezaron la reconquista que duro 800 años desde la épica batalla de Covadonga por rey Pelayo en Asturias hasta la toma de Granada por la reina Isabel de Castilla .La paciencia y la tenacidad quizás sean la virtudes mas importante de la idiosincrácia española

    La Comunidad Autónoma de Castilla y León surge de la moderna unión de los territorios históricos que componían y dieron nombre a las antiguas coronas de León y Castilla.

    Hace mil cien años se constituyó el Reino de León, del cual se desgajaron en calidad de reinos a lo largo del siglo XI los de Castilla y Galicia, y, en 1143, el de Portugal. Durante estas dos centurias los monarcas que ostentaron el gobierno de estas tierras alcanzaron la dignidad de emperadores, tal como atestiguan las intitulaciones de Alfonso VI y Alfonso VII.

    El proceso de colonización del Valle del Duero durante los siglos IX y X, y el desarrollo de la vida urbana a lo largo del Camino de Santiago y la Vía de la Plata en este mismo tiempo, constituyeron hechos históricos que definen nuestra configuración geográfica, cultural y social.

    En el momento de su unión definitiva con la corona de Castilla, en 1230, la corona de León se componía de los territorios de León, Asturias, Galicia y Extremadura. Por su parte, la de Castilla englobaba a la Vieja Castilla histórica y a la actual Castilla-La Mancha.

    Juntos, Castillla y León, se embarcaron en empresas comunes de trascendencia universal, como el descubrimiento de América de 1492.

    Castilla y León han ofrecido a Europa un ejemplo de respeto, de convivencia, de diálogo en la diversidad y de interculturalidad a lo largo de sus siglos de vida, afianzados a menudo en los Fueros leoneses y en las costumbres y «fazañas» castellanas, que regularon sus derechos desde el s.IX, y en una defensa de la libertad, la democracia, el pluralismo, la justicia y la paz, que se concretaron en diversos momentos, como en 1188, cuando se celebraron en León las primeras Cortes de la historia de Europa en las que se documenta la participación de los ciudadanos, creando un precendente que hoy en esencia sobrevive a través de las actuales Cortes autonómicas.

    Castilla y León es una Comunidad rica en territorios y gentes, configurada por castellanos y leoneses; respetuosa con la pluralidad que la integra y defensora de la convivencia, que la enriquece desde su mismo nacimiento.

    Comunidad histórica y cultural reconocida, Castilla y León ha forjado un espacio de encuentro, diálogo y respeto entre las realidades que la conforman y definen. Su personalidad, afianzada sobre valores universales, ha contribuido a lo largo de los siglos de modo decisivo a la formación de España como Nación y ha sido un importante nexo de unión entre Europa y América.

    La historia hizo pasar por Castilla y León culturas que dejaron huellas en diferentes monumentos: los Toros de Guisando (Ávila), celtas; el Acueducto de Segovia, romano; San Pedro de la Nave (Zamora), visigodo; San Miguel de la Escalada (León), mozárabe; el Castillo de Gormaz (Soria), árabe; San Martín de Frómista (Palencia), románico; la Catedral de Burgos, gótica; la Universidad de Salamanca, plateresca; la fachada de la Universidad de Valladolid, barroca. Pero, de entre todos los monumentos representativos de Castilla y León merecen una mención especial los castillos, a cuya abundancia obedece el nombre de Castilla.

    Los Toros de Guisando, el Acueducto de Segovia, y San Pedro de la Nave

    En todas las épocas del año se pueden contemplar sus joyas monumentales. De proyección internacional es el Camino de Santiago, cuya importancia histórico-artística transciende hasta mucho más allá de nuestra Comunidad e incluso de nuestra nación. Especial mención merece la Ruta de la Plata, que históricamente sirvió para enlazar el puerto de Sevilla con el de Gijón, sin olvidar los yacimientos arqueológicos de Atapuerca o Numancia.

    San Miguel de la Escalada, el Castillo de Gormaz y San Martín de Frómista

    Castilla y León, motor de grandes acontecimientos de la historia de España ha sido cuna y residencia de ilustres personajes en las más variadas facetas de la actividad humana. El emperador Teodosio el Grande, Alfonso VI, Rodrigo Díaz de Vivar, Alfonso X el Sabio, María de Molina, Jorge Manrique, Pedro y Alonso Berruguete, Isabel la Católica, Cristóbal Colón, Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León, Felipe II, Juan de Herrera, Miguel de Cervantes, Gregorio Fernández o Miguel de Unamuno son una pequeña muestra de la variedad de personajes que han desarrollado sus actividades y saberes en nuestras tierras a lo largo de su historia.

    Catedral de Burgos, fachada de la Universidad de Salamanca y Universidad de Valladolid

    En resumen, Castilla y León, por su naturaleza, por su gastronomía, amiga de los buenos vinos de la tierra, y por la hospitalidad de sus gentes, te invita a sentirte feliz de venir… y de regresar.

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    La historia de Cataluña y el deseo de independencia

    Cuando uno visita el Barrio Gótico (Barri Gòtic) de Barcelona se podrá ver en cada esquina una figura, tanto en esculturas como en fachadas: se trata de un caballero levantando su espada contra un dragón. El caballero es Sant Jordi (San Jorge), el patrón de Barcelona.

    La misma historia se cuenta en muchos países de Europa, y Saint George es santo patrón también en países como Inglaterra, Georgia y Grecia. En la versión catalana de la historia, Sant Jordi vive en el pueblo Montblanc, pero el resto de la historia es parecido: un malvado dragón oprime al pueblo y justo en el momento preciso cuando el dragón está a punto de devorar a la princesa, Sant Jordi aparece para rescatarla de las garras del monstruo.

    Este mito es especialmente popular entre los catalanes. La razón podría ser que los catalanes han leído la historia como un cuento alegórico, es decir un espejo de la historia de la propia Cataluña: el dragón malvado representa la tiranía de Castilla y Sant Jordi representa al héroe local que lucha contra la hegemonía del poder central.

    Los condados catalanes

    El precursor de la Cataluña moderna vio la luz a principios de la Edad Media con el establecimiento de los condados catalanes. Durante el siglo VIII los reyes carolingios establecieron la Marca Hispánica, un territorio que defendería a los reyes francos contra la gran amenaza del sur: los musulmanes. Aquí, ellos instalaron un número de condes que evitarían la expansión de los sarracenos y sus incursiones en el norte.

    Los sarracenos habían traspasado el Estrecho de Gibraltar en el año 711. Entre los años 711 y 718 se abrieron paso al norte de España y obtuvieron el control sobre ciudades como Tarragona y Barcelona. Continuaron hacia el norte y en el año 720 conquistaron Rosellón, Narbona y Carcasona. En el año 725 llegaron a Septimania. No fue hasta Poitiers en el año 732 que los sarracenos fueron derrotados por las tropas de Carlos Martel.

    En 777 el líder de los sarracenos, Sulayman al-Arabi, firmó un pacto con el líder de Carlomagno. Los francos de ahora en adelante ayudaron a los árabes a defenderse de las tribus hostiles. A su vez Sulayman tomó posesiones en Cataluña. Hacia el final del siglo los carolingios llevaron a cabo una serie de ataques a las posesiones de los sarracenos, pero también sufrieron varias derrotas. A pesar de ello lograron tomar Barcelona el Sábado de Pascua del año 801, y por lo tanto Bera, el primer conde de la ciudad fue instalado.

     

    Bastaix llevando piedras a la iglesia de Santa María del Mar, como descrito en la novela La Catadral del Mar de Ildefonso Falcones.

    Guifré el Pilós – Wilfredo el Velloso

    En la parte norte de la catedral de Barcelona (Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia – conocida como La Seu) se puede ver una pequeña escultura (en alto relieve) que muestra a dos caballeros. Uno es Sant Jordi, que lleva un casco y una espada. El otro es más viejo, no tiene casco y lleva un palo en la mano. Su cuerpo tiene el pecho muy velludo, tiene barba e incluso las piernas son muy peludas. Se trata de Guifré el Pilós (Wilfredo el Velloso) el conde de Barcelona.

    Guifré el Pilos

    El Barrio Gótico en Barcelona – uno de los barrios mejor conservado de la época medieval de Europa

    Hacia finales del siglo IX, Guifré el Pilós unió varios condados catalanes y se convirtió en el primer conde independiente de Cataluña. Wilfredo el Velloso construyó varias iglesias románicas a finales del siglo IX en Cataluña. Entre ellas la iglesia de Santa María de Ripoll, donde está enterrado el conde (en la iglesia se puede ver un ataúd con el nombre de Guifré el Pilós).

    En el año 897 los sarracenos fueron penetrando por las paredes de la ciudad de Barcelona, ​​dirigidos por Llip ibn Muhammad. Guifré el Pilós fue asesinado. La leyenda dice que las cuatro franjas de la bandera catalana (la Senyera) vienen de la sangre de Wilfredo el Velloso.

    A partir de este momento la distancia entre los condes y los monarcas Carolingios aumentaba, especialmente después de que los árabes quemaran Barcelona durante una redada en el norte de Cataluña. Este evento dejó claro a los catalanes que ya no podían esperar que el monarca franco los protegiera, ni de los normandos, ni los árabes. Poco a poco incrementaban su independencia de los francos.

    La edad de oro

    Al comienzo de la Cataluña del nuevo milenio, Barcelona llegó a jugar un papel clave en el Mediterráneo. El comercio trajo riqueza a la región y la expansión hacia el este durante los siglos XIII y XIV hizo que el catalán, junto con el árabe, fuera la lengua más hablada en los puertos del Mediterráneo, mucho antes de que los idiomas francés, italiano y español se convirtieran en idiomas.

    La Edad de Oro en Cataluña significa la construcción de grandes edificios como Santa María del Mar, en el Barrio del Born de Barcelona.

    La riqueza producida por el comercio se invirtió en la construcción de nuevos edificios con el nuevo estilo de la época: el estilo gótico. Muchos de ellos siguen en pie hoy en día. El núcleo del Barrio Gótico, en el centro de Barcelona fue construido en el siglo XIV. Entre los edificios más importantes de la época se encuentran las famosas iglesias góticas, La Seu, Santa María del Pi y Santa María del Mar.

    La unión con Aragón en 1137 y la conquista de Mallorca

    El apogeo de Cataluña comenzó con la adhesión al Reino de Aragón en 1137. La hija del rey de Aragón, Petronela, se casó con el conde de Barcelona, ​​Ramón Berenguer IV. Ramón Berenguer gobernó el reino catalán-aragonés desde la Plaza Mayor (hoy Plaça del Rei), en Barcelona.

    Un siglo de apogeo comenzó en Barcelona bajo el reinado de Jaume I (1208-1276). Jaume I inició su expansión en el Mediterráneo conquistando Mallorca, cuando tenía sólo 21 años. Mallorca, que había sido controlada por los musulmanes, había sido un problema para el catalán porque los piratas en la isla hicieron imposible hacer comercio con el oriente del Mediterráneo.

    En 1229 Jaume I reunió una flota de 500 barcos franceses y catalanes, la flota más impresionante vista en el Mediterráneo occidental. En la víspera de Año Nuevo de 1229, él y su ejército lograron conquistar Palma de Mallorca. La conquista de Mallorca puso fin a la piratería, por lo que dio a Cataluña el control sobre una parte importante del Mediterráneo y así comenzó el comercio catalán.

    La edad de oro – Santa María del Mar en Barcelona


    La Plaza del Rei fue la sede de los Reyes Catalanes

    Jaume I también es famoso por su crónica Llibre dels fets («Libro de los Hechos»), una de las obras maestras del período literario escrito en lengua vernácula catalán. Jaume I también fundó la institución política Consell de Cent (Consejo de Ciento) en 1249, el precursor del Ayuntamiento de Barcelona.

    Antes de morir, Jaume I dividió el reino entre sus dos hijos: Pere II heredó Cataluña, Aragón y Valencia, y Jaume II heredó las Islas Baleares. Más tarde Pere II se casó con Constanza de Sicilia, por lo que Cataluña obtuvo el control de la isla más grande del Mediterráneo. Durante los siguientes siglos tanto el catalán como el siciliano fueron lenguas oficiales en Sicilia.

    Las vísperas sicilianas

    Después de la sublevación en Sicilia en 1282 (las llamadas Vísperas Sicilianas), Cataluña ayudó a la población siciliana a defenderse contra Carlos I de Anjou y sus tropas. El rey catalán, Pere III, envió a su flota dirigida por Roger de Lluria a Sicilia y obtuvo el control sobre la isla.

    La expansión continuó durante el siglo XIV. En 1311 Roger de Flor fue a Constantinopla, con 8.000 hombres y fundó los dos ducados: Atenas y Neopatria. A finales del siglo, el reino catalán se metió en problemas. La escasez de trigo, una plaga de langostas en 1358, y un terremoto en 1373 mató a más de la mitad de la población.

    La pérdida de la autonomía

    Martín I ‘el Humano’ (Martí el Humà) fue el último rey en el reinado de Cataluña. Murió en 1410 sin dejar heredero al trono y así comenzó un período de inestabilidad. Durante dos años no hubo rey en Cataluña, pero finalmente Benedicto XIII (el Anti-Papa de Aviñón) eligió a un nuevo rey en un cónclave. El castellano Fernando de Antequera (1380-1416, hijo de Juan I de Castilla y Elinor de Aragón) fue elegido a favor de los dos candidatos obvios, Jaume d’Urgell y Lluís de Calabria.

    Este episodio, llamado el Compromiso de Caspe (Caspe era la ciudad donde Benedicto XIII y su comité se reunieron), es el momento clave en la historia catalana, ya que Fernando de Antequera es el primero de una serie de castellanos para gobernar Cataluña.

    Fernando de Antequera murió en Igualada en 1416, y comenzó un período caótico. Más tarde, el rey Joan II encarceló a su propio hijo, lo que condujo a una crisis constitucional que culminó en la guerra civil (que duró desde 1462 hasta 1472).

    Los Reyes Católicos y la unión del reino

    Los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla y León unieron Aragón a Castilla y León. Cuando conquistaron Granada en 1492, toda la Península Ibérica era ya cristiana, aunque no fue hasta 1512, cuando Navarra fue conquistada, que España se unió bajo una sola corona.

    La conquista de Granada hizo posible que los Reyes Católicos se embarcaran en otra aventura: la idea de Cristóbal Colón de navegar hacia el oeste para encontrar un acceso directo a la India. Los monarcas suministraron a Colón con tres naves y zarpó de Cádiz el 3 de agosto de 1492.

    Los Reyes Católicos son también famosos por la expulsión de los judíos y los musulmanes de la Península Ibérica y la instalación de la Inquisición Española. Todos los judíos que tenían capital se trasladaron a otros países, pero más de 300.000 fueron asesinados.

    Decline en Cataluña

    El reinado de Fernando e Isabel tuvo como resultado una economía floreciente, pero para Cataluña significaba un decline. El largo período de independencia que había comenzado con Guifré el Pilos había llegado a su fin. La plata y el oro que venía de las colonias en las Américas no llegó a Cataluña y de ahora en adelante los reyes de Aragón y Castilla gradualmente se alejaron de Cataluña y de los problemas propios de la región.

    La guerra dels Segadors

    Durante el reinado de Felipe IV, quien condujo a su primer ministro, Gaspar de Guzmán de Olivares, a gobernar el país, la centralización del reino incrementó. La Unión de Armas obligó a los catalanes a proporcionar al ejército español con 16.000 hombres, a pesar de que los catalanes tenían ya bastantes problemas para defender el territorio catalán.

    Con el estallido de la guerra entre Francia y los Habsburgo de Austria, en 1635, Cataluña se convirtió en un campo de batalla. Los catalanes dieron la bienvenida a los franceses, pero Olivares llevó a cabo un ataque contra los francos desde el territorio catalán.

    En 1639, los francos tomaron el castillo de Salses del Rosellón, pero las tropas de Olivares rodearon el castillo, y los franceses tuvieron que abandonar la defensa 6 meses después. Los catalanes, dirigidos por el general Pau Claris, atacaron a las tropas de Olivares, lo que provocó el comienzo de la guerra catalana de la rebelión (la Guerra del Segadors), que duró desde 1642 hasta 1652. Los catalanes se unieron con los franceses, y el autogobierno catalán (la Generalitat) proclamó a Luis XIII rey de Cataluña.

    Juntos derrotaron al ejército de los Habsburgo en Montjuïc, pero en 1648 los franceses se fueron de Cataluña y ocuparon el territorio de Rosellón que hasta el momento había pertenecido a Cataluña. Sin los franceses, Cataluña no podría hacer frente a las tropas de Felipe IV, y en 1652 se rindieron. El himno nacional de Cataluña, Els Segadors, escrito a finales del siglo XIX, trata sobre esta guerra.

    El «renacimiento» y la Cataluña moderna

    Otra guerra de crucial importancia para la historia de Cataluña es la Guerra de Sucesión Española (1701-1714). La guerra tuvo también un impacto duradero en el resto de España y Europa. Después de la guerra, la posición de España como la principal superpotencia en Europa había llegado a su fin.

    Para Cataluña las consecuencias de la guerra fueron devastadoras. La guerra terminó con la invasión de Barcelona por las tropas de Felipe V el 11 de septiembre de 1714 y más tarde, las antiguas instituciones políticas (que habían sobrevivido bajo los reyes Habsburgo), fueron abolidas: el Consell de Cent y Les Corts Catalanes dejaron de existir.

    Prolegómeno a la guerra

    Carlos II (‘el hechizado’) murió en 1700 sin heredero al trono. La muerte del rey provocó que todas las potencias de Europa, y especialmente Inglaterra, Holanda, Austria y Francia, trataran de conseguir las posesiones españolas.

    Tres candidatos se presentaron: Josef Ferdinand, príncipe electoral de Baviera (con el apoyo de Inglaterra y Holanda), el archiduque Carlos de Austria, hijo del emperador alemán-romano, Leopoldo I (con apoyo de Austria) y Felipe d’Anjou, nieto del Roi-Soleil (el Rey Sol) Luis XIV (con apoyo de Francia).

    Ya antes de la muerte de Carlos II, Inglaterra, Holanda y Austria firmaron un acuerdo preliminar para compartir las posesiones españolas entre ellas. Sin embargo, Carlos II descubrió la conspiración y optó por el rey de Austria, José Fernando como su sucesor. Josef Ferdinand se instaló como rey español en 1698, pero murió al año siguiente.

    Carlos II aún vivía, y ahora sólo Felipe d’Anjou y Carlos de Austria se quedaron como candidatos. Carlos II nombró a Felipe d’Anjou como heredero al trono, y cuando murió (1700), el francés pudo viajar a Madrid y reclamar el trono. Sin embargo, Austria e Inglaterra se opusieron a su coronación. Inglaterra, Holanda, Austria y Saboya declararon a Felipe d’Anjou la guerra y quería reemplazarlo con Carlos de Austria.

    La Guerra de Sucesión Española

    En la guerra que acababa de empezar, Cataluña juega con el peón equivocado. Apoyaron el rey Habsburgo, Carlos de Austria. Durante una visita a Barcelona en 1702, Felipe V había entregado Cerdeña y Rosellón a los catalanes y describió a Cataluña como «una nación». Si las intenciones de Felipe eran reales, o eran parte de una maniobra táctica es difícil de saber, pero los catalanes no le dieron la oportunidad de demostrar sus buenas intenciones. En una ceremonia celebrada en Viena en 1703, Carlos de Austria fue coronado rey de Cataluña, Aragón y Castilla bajo el nombre de Carlos III.

    Carlos de Austria parece estar ganando la guerra

    En 1705 el austriaco parecía estar ganando la guerra, pero en noviembre de ese mismo año un fallido intento de golpe de Estado en Madrid provocó que Carlos de Austria fuera de vuelta a Valencia. A partir de entonces perdió terreno y un acuerdo de paz fue firmado en 1713. El resultado fue que Felipe mantuvo el imperio español, pero renunció a sus posesiones en el Mediterráneo y cedió a una serie de demandas de libre comercio con América Latina.

    Pero los catalanes se negaron a rendirse. Como resultado, las tropas de Bourbon rodearon la ciudad y el 11 de septiembre de 1714 Barcelona tuvo que rendirse a los franceses. Esta fecha, 11 de septiembre, ahora es el día nacional de Cataluña. El castigo para los catalanes fue difícil: muchos rebeldes fueron ejecutados y sus cabezas se pusieron en postes. Al mismo tiempo, las reformas políticas (llamada la Nueva Planta), acabó con las antiguas instituciones catalanas, y se abolieron todos los derechos de Cataluña. Menorca, Sicilia, Cerdeña y Nápoles se perdieron.

    En 1717 todas las universidades catalanas fueron cerradas, y se puso un impuesto a la propiedad del 10% y un impuesto sobre la renta del 8,5%. Felipe eligió a José Patiño como gobernador de Cataluña y Patiño describe a los catalanes como buscadores de la libertad de búsqueda y felicidad sobre las armas. Para defender los intereses del Rey, Patiño tuvo un enorme muro de defensa y varias ciudadelas (la Ciutadella y el castillo de Montjuïc) erigidas – todo pagado por los contribuyentes locales.

    La Guerra de Suecsión Española y la hegemonía de los borbones

    Durante el siglo XIIX la opresión del poder central de Cataluña continuó. En 1778 el uso de la lengua catalana fue prohibido en la prensa, pero en el siglo XIX la lengua y la cultura catalana experimentó un renacimiento. ‘La Gramática y la Apología de la Llengua Cathalana’ (1815) de Josep Pau y la obra maestra ‘La Patria’ (1833) de Buenaventura Carlos Aribau son algunas de las primeras expresiones del llamado renacimiento.

    El nacionalismo y el interés por la historia y la cultura catalana culminaron en los años 1870 y 1880, período que en Cataluña se conoce con el nombre de ‘La Renaixença’. Una de las razones de este movimiento fue el crecimiento económico que comenzó en la década de 1830 con la importación de alimentos de las colonias en América.

    La edad de oro – Santa María del Mar en Barcelona


    El modernismo – la Casa Batlló de Antoni Gaudí

    Una de las obras maestras literarias de la época es L’Atlántida (1878) de Jacint Verdaguer, «la Odisea de la cultura catalana», un relato poético del origen catalán basado en mitos griegos y romanos. Pero es en la arquitectura que la Renaixença obtiene su mayor expresión con arquitectos como Antoni Gaudí, Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner. El modernismo (modernisme en catalán), el nuevo estilo arquitectónico, estuvo marcada por referencias a la historia de Cataluña, el uso de materiales tradicionales de la región, y de elementos del Art Nouveau/Jugendstil del Norte de Europa.


    El terrado de la Casa Batlló de Antoni Gaudí

    La Guerra Civil Española

    En 1936 la guerra civil española puso un abrupto fin al movimiento nacionalista catalán. La victoria del general Francisco Franco dio lugar a una brutal represión de la cultura catalana después de la guerra. Tanto el idioma catalán como los nombres en catalán fueron prohibidos, y también lo fue la enseñanza de la historia catalana.

    En este período, cuando era prohibido usar nombres catalanes, el futbolista holandés (y más tarde entrenador) del FC Barcelona, ​​Johan Cruyff, optó por bautizar a su hijo con un nombre catalán, el nombre del legendario caballero catalán, Jordi. Y así, tal vez sin darse cuenta de la importancia del acto, Johan Cruyff se convirtió en un símbolo de la resistencia nacionalista catalana contra el régimen franquista. Una vez más, el caballero Jordi había resucitado para hacer frente al dragón.

    La Cataluña moderna

    Después de la muerte de Franco (el 20 de noviembre del 1975), España y Cataluña experimentaron grandes cambios. Uno de los eventos más importantes fue la organización de los Juegos Olímpicos en Barcelona en 1992. Desde entonces, palabras como inovación, planificación urbanística y la arquitectura moderna, diseño y desarrollo han estado íntimamente ligados a Barcelona.

    Hoy, la relación de Cataluña con el gobierno central está dominada por los debates políticos sobre la independencia. Cuando los visitantes vienen a Cataluña, los catalanes no dudan en recordarles que a pesar de estar en España se encuentran sobre todo en Cataluña, una región con sus propias costumbres y tradiciones, diferentes de las del centro de España.

    Una parte importante de la población de Cataluña quisiera una mayor autonomía, pero menos de la mitad de la población desea la independencia total. A menudo se discute si sería beneficioso para Cataluña ser independiente de España.

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    ¿Cómo ayudar a una persona victimista?

    Para ayudar a que una persona deje de ser victimista es hacerle ver que tiene poder de decisión, genera responsabilidad en la otra persona. Para que estos consejos funcionen es importante que tu relación con la persona victimista sea de cariño y apoyo genuino.

     

    1. Evita las etiquetas y reflexiona sobre ti mismo
    Evita la mentalidad anti-víctima. Frases como “Es una victimista, no quiero tratar con ella” o “los victimistas son agotadores”. Para lidiar con estas personas eficazmente debes dejar de lado la actitud de superioridad sobre esa persona. Ponte en una posición genuina de apoyo para que acabe con su sufrimiento y lleve a cabo acciones productivas, en lugar de terminar tu malestar de ver su victimismo.

    Tampoco menosprecies a las víctimas reales, ya que estas no son culpables de lo que les ha pasado y necesitan ser escuchadas.

    2. Realiza una escucha activa
    Escucha lo que la persona te está diciendo. No es darle la razón. Es hacerle saber que le estás escuchando “Entiendo lo que dices” y valida sus emociones “Entiendo que te sientas frustrado/triste” Aunque su hilo de pensamiento sea irracional, las emociones no se equivocan, si pienso que la gente me va a hacer daño, es normal sentirme enfadado o triste.

    3. Fomenta el compromiso y la acción
    No le trates como a una víctima, sino a una persona comprometida y capaz de generar una respuesta. Ante una queja victimista puedes decirle: “Debe ser una situación difícil ¿Has pensando qué hacer al respecto? ¿Quieres que hablemos sobre cómo puedes solucionarlo?”

    Una vez que se haya comprometido a cambiar algo vamos a intentar que actúe de forma consistente al cambio que quiere ver. Para ello podemos hacer algunas preguntas dependiendo de la situación:

    ¿Cómo quieres ser vist@ en tu vida, independiente de tu situación?

    ¿A qué te has dado por vencid@? Si las circunstancias fuera diferente, ¿qué te gustaría que sucediera? ¿Estás dispuesto a hacer que eso ocurra, incluso si parece injusto a veces o requiere mucho esfuerzo prolongado?
    Aunque esta situación no cambiara, cómo querrías ser a pesar de todo?

    La clave es que, aunque crea que la situación es tan terrible, vamos a intentar que lo acepte y deje de quejarse y que piense qué valores quiere perseguir. Vamos a animarle a que haga algo, que no se quede inmóvil.

    4. Apoya la acción
    Anímale a que piense qué plan puede seguir o qué acciones llevar a cabo. Tened en mente qué objetivos tiene o qué quiere lograr, pregunta qué haría para conseguir que las cosas fuera diferentes. Tomáoslo como un experimento y llevadlo a cabo.

    También podéis reflexionar acerca de qué otras personas cercanas harían en esas situaciones, o cómo podría expresar determinado valor (generosidad, respeto…), o si supiera que no puede fallar qué haría.

    Recuerdale que acciones aisladas puede que no tengan un efecto, pero sí la práctica continua.

    5. Refuerza el logro
    Habla con la persona de su plan de acción, comprueba como le va. No te sorprendas si no ha hecho nada, sólo recuérdale lo hablado. Felicítale por cada paso dado u obstáculo superado.

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    Trastorno victimista

    No existe un trastorno victimista en sí, sino que el trastorno paranoide de la personalidad comparte muchas similitudes con el victimismo. La creencia que otros nos van a dañar o a aprovecharse de nosotros se convierte en un patrón paranoico de estar en el mundo. Una conducta victimista muy arraigada puede desembocar en este trastorno.

     

    Consecuencias del victimismo

    El victimismo tiene consecuencias “positivas” para el individuo, sobre todo a corto plazo. Es por ello por lo que la conducta se mantiene. Pero también tiene consecuencias poco deseables.

    “Beneficios” del victimismo

    No asumes la responsabilidad de nada, por tanto tu autoestima se mantiene por la evitación del malestar que conlleva ser responsable del propio fracaso.

    1-Atención de la gente
    2-Compasión de los demás

    Es menos probable que otros te critiquen o te hagan sentir triste, para evitar tu actitud victimista.

    3-Te reafirmas en tu derecho a quejarte.

    Es más probable que obtengas lo que quieres, ya que los demás no quieren verte triste o quejarte.

    4-Te sientes interesante porque le puedes contar a los demás muchas historias.

    5-No te aburres si hay mucho drama a tu alrededor.

    6-El victimismo te da poder para eludir la responsabilidad, para sentirte con derecho a mostrar tristeza, manipular otras personas y obtener su simpatía y compasión.

    Desventajas del victimismo

    Las personas cercanas pueden sentirse como marionetas, manipulados.
    Enmascara emociones desagradables pero necesarias como el enfado, el arrepentimiento.

    1-Te quedas atascado en tu situación actual, no tomas el control de tu vida. Vas a seguir sintiendo insatisfacción con tu vida.
    2-Tu forma pasivo-agresiva de comunicarte no va a contribuir a tener relaciones sanas.
    3-No vas a sentir con frecuencia emociones positivas.
    4-No vas a desarrollarte como persona.
    5-Vas a ser una persona tóxica para los demás, y es posible que se alejen de ti.

    Victimismo, chantaje emocional y manipulación

    Las personas victimistas utilizan esa actitud para conseguir lo que quieren. No van a pedir lo que quieren directamente, sino que van a hacer sentir culpable a la otra persona para obtenerlo.

    Como hacen responsables a los demás por lo que hacen y sienten, también les responsabilizan para solucionarlo. Van a exigir esa solución y te hacen sentir culpable y egoísta si no lo haces. También manipulan mediante la actitud pasivo-agresiva, una hostilidad velada y más sutil.

    Todo ello es una forma de abuso emocional, que daña las relaciones.

    Ejemplos y frases de victimismo

    Hay algunas frases características de las personas victimistas:

    -¿Qué he hecho yo para merecer esto?
    -¿Por qué a mi?
    -No es justo, no merezco esto.
    -Siempre me pasa lo mismo, tengo muy mala suerte.
    -Soy una persona desgraciada, pobre de mi.
    -Nunca voy a encontrar estabilidad

    El victimismo en pareja

    Las personas victimistas suelen atraer a personas que actúan como salvadores, ya sean en pareja o en relaciones de amistad. Esto genera patrones de relación poco saludables.

    Los salvadores son personas muy empáticas que sienten la negatividad y el dolor que la persona victimista muestra. Además, como la víctima elude toda la responsibilidad, de alguna manera espera que los demás se hagan cargo de su emociones, que le salve de su estatus de víctima. Es cuando el salvador entra en el ciclo.

    Los salvadores asumen la responsabilidad de emociones, valores y problemas que no son suyos. Tienden a ser personas que buscan la aprobación, complacientes.

    Sin embargo, nadie tiene el control de cómo los demás se sienten con respecto a su vida. El “salvador” no tiene ese poder, aunque se lo crea. Además, aunque la víctima busque un salvador, una persona que se haga cargo de su infortunio, está cómoda en ese papel victimista, es lo que conoce y no va a salir de ahí a menos que se de cuenta y quiera cambiarlo.

    Por ello se da otra dinámica que es la de perseguidor. La víctima, cuando intenta ser salvada sacándola de la posición de víctima, ésta ataca a su salvador, culpándolo de todo lo malo y poniendose de nuevo en su cómoda silla victimista.

    La víctima y el salvador se complementan en una relación insana. Ambos evitan crear un fuerte sentido del yo, y no llegan a desarrollar una madurez emocional. Esto resulta en que sus relaciones son superficiales e insatisfactorias.

    La persona victimista culpa a los demás de sus emociones y acciones porque piensan que si muestran lo que están sufriendo, alguien les va a salvar y les dará el amor que desean. El salvador responde a esto porque realmente piensa que va a arreglar los problemas de la persona y terminar su sufrimiento, y esto les aportará el amor y la admiración deseada. Sin embargo, esto suele resultar en un fallo para cumplir las expectativas de la otra persona, culpándose mutuamente y afectando la autoestima de ambas partes. Mientras sigan buscando el valor personal en otras personas, sus necesidades nunca se van a ver satisfechas.

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    Si,  Rosario hay muchos flequillos y por eso no lo entiendes. Me pasa lo mismo. Hay una justicia que está politizada. La justicia debería ser independiente al tema político y debería de ser por y para el ciudadano. Sean de la profesión y cargo que sean. 
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    en respuesta a: La meritocracia #18843
    Rosario, lo que está claro es, que el hecho de tener "éxito" no garantiza inteligencia ni superdotación. No, al menos en el 100 %. Siempre hay diferencias de orden "sentido común", porque cambia mucho un fruto cultivado en una tierra fértil y con mucho abono, a un fruto cultivado en una tierra árida y sin abono. Aunque siempre habrán excepciones que trunquen esta física. PERO VOLVIENDO, el éxito no siempre es sinónimo de inteligencia divina, sino más posibilidades y mucho más si se aprovechan bien. No sé… Es mi opinión
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    en respuesta a: Todo por un like #18779
    Es verdad Rosario:  "uso y abuso", como en muchas cosas. Está claro. Hay gente que se pone depriminida de verdad sin Likes, cuando lo importante son las visualizaciones. Quiero decir que yo veo videos de vimeo, por ejemplo, y nunca pincho me gusta, pero los veo…. Pero bueno, conozco gente que se deprime mucho sin tener un stand de I likes …  Un poco "Fandom" y actual este tema..
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    efectivamente, a nivel asistencial debería de haber un a diferenciación que no la hay. Estos sujetos, piden ayuda por encontrarse en esta situación bajo el techo familiar dónde "supuestamente" les dan un plato de comida y encima les dan la ayuda a los familiares pero no a las personas que lo están viviendo y es otra forma de anclarse en un deterioro "increcendo"… Desgraciádamente es así  Rosario   (cinismo socio-familiar quizás?)
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