DISCUSIÓN ABIERTA [Foro] Foros NOTAS DE PRENSA ¿Por qué se editan tantos libros, si tan poca gente lee?

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      Redactado por Isaac Belmar


      O por el contrario, ¿por qué se venden tan pocos libros si la gente dice que lee tanto? ¿Por qué esta contradicción si los balances de mercado, en general, no dicen lo mismo? El mercado está saturado, se publican muchos más libros de lo que la demanda puede absorber, ya que los lectores somos minoría, como siempre fuimos y seremos. Aunque por la crisis o lo que sea, se esté frenando algo la locura de números, lo cierto es que no se invierte la tendencia.

       

      Ni creo que lo haga en un futuro cercano. A pesar de ser que los lectores somos esa minoría que no crece, se seguirá editando como si bajar la velocidad fuera a hacer estallar este autobús. ¿Por qué se produce eso? ¿Por qué las editoriales publican tanto y lo seguirán haciendo? (No voy a entrar en el tema autoedición, me ciño al comportamiento editorial tradicional). Aunque parezca algo irracional, si miramos con detenimiento, puede que quizá no haya otro remedio. Este hecho se debe a la interacción de un conjunto de factores, como siempre con todo lo importante. La respuesta tiene que ver con que los adivinos no existen, Gutenberg no es lo que era y hubo un economista italiano que hace muchos, muchos años, descubrió el secreto de la vida.

      La imposibilidad humana de predecir el futuro

      Cada vez que sale un artículo sobre cómo escribir un best-seller o las claves del éxito de alguno, Dios mata un gatito (esto se lo dedico a alguien que dice que uso mucho esa frase, como ves, no es verdad). Esos artículos son pura tontería porque periódicos y revistas han de llenar espacio.

      La realidad es que es imposible “cocinar” un best-seller y eso es obvio, porque gente sesuda de muchas editoriales lo intenta constantemente, pero al final sólo se vende el mínimo porcentaje de títulos de siempre. Los humanos creemos que podemos adivinar el futuro, pero sólo es otra de las mil maneras que tenemos de autoengañarnos. Como se haría eterno este escrito, no voy a mostrar todas las pruebas que se han hecho de que, cuando intentamos predecir, no sólo no lo conseguimos, sino que muchas veces rompemos la estadística para mal y somos un desastre. Eso sí, nadie nos baja del burro para seguir creyendo que podemos hacerlo. En fin, que es imposible adivinar el futuro y nadie sabe lo que va a triunfar. Por supuesto, cuando ese triunfo se da, saldrán cientos que decían: ”yo ya lo sabía”, una muestra de que, aparte de vivir autoengañados, somos insufribles. Cuando surge un triunfo, las editoriales corren a rebufo fabricando clones. La exitosa saga de Pídeme lo que quieras de Megan Maxwell es un ejemplo. Planeta encargó a esta escritora que hiciera una versión de 50 sombras de Grey, pero más de aquí. No es algo que yo haya deducido, la autora misma lo dijo en entrevistas. Con esta estrategia se alimentan de las migajas que caen de las mesas de Greys, Crepúsculos y thrillers en Vaticanos más superpoblados de espías y femmes fatales de lo que yo pude ver en su día. Hasta las portadas se copian y puedes ver composiciones, tipografías e imágenes muy similares. A veces sale bien, como en el caso de Megan Maxwell, aunque la mayoría de veces el resultado es malo o regular. Pero la cuestión de base es que cuando no están clonando, no saben qué triunfará. Pues bien, a eso se suma la ley no escrita por la cual funciona la vida.

       

      El principio de Pareto

      El mundo y la vida funcionan bajo la regla de Pareto. Lo siento por los creyentes en el equilibrio, el karma y la justicia, pero como demostró este economista italiano: el mundo es acumulativo y no equitativo. Pareto, hace mucho, descubrió que el 80% de la riqueza de los italianos estaba en manos del 20% de la población y que el 20% restante de dicha riqueza se lo repartía el 80% restante de la gente. Este proceso, que se ha acentuado con el tiempo, es el gran ”secreto” del funcionamiento de la vida y es aplicable a casi todos sus ámbitos, incluyendo el editorial. Para lo que nos interesa eso se traduce en que un pequeño porcentaje de libros editados (me da igual si es el 20% o el 10%), resulta rentable, mientras que un gran porcentaje de lo que se edita no lo es o apenas cubre costes. Esa anomalía que de pronto vende y nadie esperaba, los grandes nombres como King o Murakami, las esposas enganchadas a la cama, la enésima historia copiada de la tele sobre hackers y FBI… Esos son los que más venden, pero sólo unos pocos elegidos. Esos pocos son los que tienen que pagar los platos rotos de la mayoría de libros no rentables, compuestos por los clones tontos que no lo consiguieron a pesar de ser idénticos y también por otros muchos libros diversos, algunos de los cuales incluso intentaron contar algo diferente. Las editoriales funcionan y sobreviven así, ahora mismo es el modelo de negocio inevitable, saben que un número mínimo de títulos son los que pagan a los demás y dejan beneficios. Así que la clave es encontrar, como sea, esos pocos éxitos. Ahora, si juntamos este principio de Pareto con la imposibilidad de predecir el futuro (o cocinar un best-seller), surge la única respuesta posible por parte de las editoriales, y que explica en gran parte por qué hay tantos libros editados.

      Cuando estás disparando a oscuras y dependes de hacer unas pocas dianas, tu única opción de tener más probabilidades de acertar es disparar más veces. Así que se sacan más y más libros que se arrojan a la diana a ver cuál se queda pegado a ella y resulta el éxito que cubrirá los costes de los demás. Como no sabemos de antemano cuál será, hemos de lanzar más y más rápido, para aumentar, aunque sea un poco, nuestras probabilidades de hace diana. Eso es posible ahora, y no era posible antes, por un último factor.

      La imprenta ya no es lo que era

      La estrategia se ha vuelto rentable porque la nueva tecnología de impresión permite editar más barato que nunca, en pequeñas tiradas. Es decir, las balas que disparan las editoriales son mucho más económicas que antes. Ya no hace falta, como hace años, empeñarse en tiradas de miles para que la unidad de libro salga rentable en cuanto a costes de producción. Hoy día se pueden hacer tiradas pequeñas por poco dinero y, si surge que algo que triunfa, siempre se pueden sacar más ejemplares rápidamente. Al final, el comportamiento de las editoriales es predecible, porque en ese escenario de juego, que consiste en disparar a la oscuridad con flechas baratas, es incluso lógico disparar más. El coste de otra flecha es bajo, la probabilidad de acertar también, pero si lo haces, te puedes coronar. Así que, como esos que besan el boleto de lotería, sacas otra flecha del carcaj y disparas. Por supuesto, hay otra premisa de fondo en todo esto, que las editoriales son una empresa y como empresa su objetivo es obtener un beneficio económico. Lo demás es secundario. Quizá haya otros principios en muchas editoriales, no lo niego, pero el económico es el importante y el que no puedes sacrificar nunca. Básicamente porque si lo haces, mañana no podrás abrir la puerta del negocio y seguir editando.

      ¿Por qué no se venden mis libros?

      Redactado por ANDRES HERNÁNDEZ RABAL

      Hablando con otros escritores noveles, generalmente autopublicados o que trabajan con editoriales que no dejan de ser de autopublicación, resulta frecuente que manifiesten un cierto desánimo como consecuencia de los pobres resultados que obtienen en ventas. En mi caso parto con una ventaja sobre ellos, y no porque mi éxito sea mayor, sino porque esa sequía formaba parte del escenario que había imaginado al publicar. También doy por hecho que la causa de que mis expectativas no fueran elevadas se derivan del hecho de haber empezado a publicar en una edad madura, lo que no resta un ápice a mi ilusión, pero sí me permite separar con buen criterio realidad y deseo.

      Un aspecto fundamental para que un libro se venda más o menos es, aunque parezca una perogrullada, su calidad. Observo con frecuencia cómo algunos autores hablan de su propia obra creyendo que su ingenio es comparable al de cualquier escritor consagrado. Un poco de humildad nos evitará futuras frustraciones, pero, ¿cómo saber si lo que se ha escrito es realmente bueno?

      Propongo dos respuestas a esta pregunta:

      La primera, contar con un buen lector beta (o mejor varios). De nada sirve que familiares o poniendo en un compromiso a amigos para que estos nos digan que es una maravilla y suelen regalarnos los oidos. Debemos confiar en aquellos quienes sean capaces de llevar a cabo una lectura crítica, gente ajena a nuestro círculo amistoso y que nos indiquen, motivados, los puntos fuertes y débiles del texto; y por supuesto, aceptar esa crítica de buen grado. La última palabra la tiene el autor, por lo que no se trata de adaptar totalmente la obra al resultado del dictamen sino de valorar en qué puntos éste merece ser atendido, rechazando aquéllos que la intuición (o mejor la reflexión), nos diga que deben permanecer inalterados.

      Un aspecto fundamental para que un libro se venda más o menos es, aunque parezca una perogrullada, su calidad.

      La segunda respuesta es categórica: el lector es soberano a la hora de decidir si la obra es o no buena, y en qué medida lo es. En realidad, más que si es o no buena, decidirá si se adapta o no a sus preferencias, pero a efectos prácticos es lo mismo, ya que la percepción de calidad es un elemento subjetivo. Volveremos a tratar este asunto más adelante.

      Otro problema serio del escritor autopublicado es la promoción de su obra. No resulta extraño que un autor consagrado disponga de un espacio para dar a conocer su obra en un informativo de televisión, y eso sólo puede ser llevado a cabo con el poder y la influencia de una gran editorial; de la misma forma que sus libros ocuparán un lugar preferente en las librerías, algo impensable para un desconocido.

      Llegados a este punto, tenemos nuestro libro a la venta en una o varias plataformas digitales. Ahora llega el momento más difícil: hacer que los lectores potenciales lo sepan. Una de las redes sociales en la que más se “mueven” los libros es Instagram, donde lectores que colaboran tanto con autores como con editoriales leen y reseñan libros. Son los conocidos bookstagramers.

      Tengo serias dudas acerca de su capacidad de influencia, aunque es indiscutible que la tienen, pero creo que es muy inferior a lo que muchos piensan.

      A mi juicio, la mejor carta de presentación de un libro es la carátula, el título y su sinopsis, ya que de estos tres factores dependerá que los lectores se interesen o no por él, por lo que a ese breve resumen le concedo al menos la misma importancia que a la carátula y al título . Éste puede ser explícito o no, pero la sinopsis ha de serla necesariamente, salvo que se pretenda crear incertidumbre; estrategia de dudosa utilidad a mi parecer.

      Entre los bookstagramers, encontramos con frecuencia lectores muy jóvenes, a quienes llamo (con el máximo respeto, quiero que este punto quede claro), la generación de Harry Potter. Suelen tener miles de seguidores, y me he encontrado con algunos de ellos (generalmente ellas, que son mayoría), que haciendo comentarios de sus entradas de Instagram me han llegado a decir cosas como “Guerra y Paz. No lo conozco. ¿Me lo recomiendas?”. O también idéntica pregunta al referirme a En Busca del Tiempo Perdido. En muchos casos las reseñas están bien elaboradas, pero tampoco resulta extraño encontrarnos con una coletilla que se repite hasta la saciedad: “Es un libro que engancha”. Es cierto que el inicio del libro debe generar expectativas en el lector que le animen a continuar con su lectura, pero la frase es utilizada con frecuencia como resumen del libro sin que el resto de la reseña aporte mucho más.

      También encontramos en Instagram personas que comentan libros de todo tipo, clásicos o actuales, con criterios críticos en reseñas muy bien razonadas. Son pocos y se les reconoce porque sus seguidores rara vez alcanzan el millar, o incluso la mitad de esa cifra.

      Hay otro criterio que se valora entre los bookstagramers, permítanme llamarles generalistas: que el libro en cuestión trate asuntos que estén de moda. Aclararé, aun a riesgo de perder unos centenares de seguidores en las redes, qué entiendo por asuntos de moda. Me refiero a aquéllos valores éticos con los que nos bombardean desde la prensa con tal sutileza que nos impide ver la parte que de adoctrinamiento contienen. Son valores que, siendo en sí mismos positivos, pierden fuerza por la carga ideológica que contienen al ser expresados. De las infinitas formas de demagogia que existen, una de las más sutiles que conozco es la de establecer un decálogo de condiciones para confirmar las bondades de un determinado valor. Es decir, si aceptas todas las condiciones propuestas eres de los nuestros, pero si discrepas, aunque sólo sea en una de ellas; pasas a ser un ser miserable que anula la libertad de la mayoría (entiéndase en este caso mayoría como minoría ruidosa), sin tener en cuenta que es el hecho de obligarte a aceptar todas sus premisas lo que viola la libertad de pensamiento. Sin libertad de pensamiento no hay libertad de acción, y sin ésta no hay progreso. Poner rumbo hacia el pensamiento único facilita una navegación sin sobresaltos, pero el puerto de destino será el elegido por otros en función de sus intereses y no de los nuestros. Es frecuente que este descubrimiento tenga lugar cuando ya sea tarde para rectificar. Conclusión: si tu libro es políticamente correcto, el número de lectores potenciales es infinitamente mayor que si te alejas del eslogan, de los lugares comunes y de cualquier ideología elevada con arrogancia a la categoría de verdad absoluta e indiscutible. Si eres disidente, prepárate a ser linchado en las redes por los guardianes del nuevo orden, antes llamados censores.

      Como decía más arriba, y en base a lo expuesto en el párrafo anterior, de los comentarios de los bookstagramers no podemos determinar (al menos no necesariamente) la calidad de una obra, pero si servirá de orientación para saber si ésta tiene posibilidades de prosperar por el boca a boca. Los bookstagramers no generalistas (llamémosle «premium»), rara vez se interesarán por la obra de un autor desconocido, por lo que no van a ser nuestros aliados en ese sentido.

      Recuerdo una conversación que mantuve en privado con una escritora de Instagram, en la que hablamos de la dificultad de hacer llegar el libro a los lectores y de que éstos mostraran interés. Al facilitarle los detalles acerca de la escasa difusión que tenían los míos, y buscando las causas de tal escasez, me sorprendió con una pregunta: «¿Transmites un mensaje positivo?» No vacilé al contestar: «no». O al menos no necesariamente. Kafka, Dostoyesky o Camus no acostumbraban a hacerlo, y sin embargo nos han dejado un legado literario de extraordinario valor; por lo que descarto ese objetivo como prioritario.

      Redactado por Sergio Saavedra desde hispanoamérica

      Hablar de libros es parte de mi vida, de mi historia, de mi infancia y adolescencia “hambrienta” de leer todo lo se pusiera por delante. Este hábito, que obviamente aún cultivo, se lo debo a mi madre, quien me traspasó ese placer de querer conocerlo todo a través de este instrumento que me permitía volar hacia espacios desconocidos como queriendo “apoderarme” de todo…

      Tengo recuerdos de muy pequeño sentado en la mesa con mi madre y mis hermanos tomando desayuno y leyendo en voz alta las etiquetas de los tarros de café, te o leche que nos acompañaban… No existía libro, revista, diario o folleto que yo no hubiera leído en nuestra casa.

      En fin, la lectura y pasión por los libros me ha acompañado siempre. Aún tengo una pequeña biblioteca en Chile, la que he estado trayendo a pedazos a Sydney, y aquí ya he iniciado mi pequeña biblioteca local, es mi hábito, es mi placer, es mi hobby es también mi obsesión, los libros y la lectura…

      En este contexto, y hablando de libros en oferta y libros usados, me asaltó la duda de qué es lo que sucedía con los libros que las editoriales no vendían, y por ahí comenzaron algunas respuestas a “componer” una certeza que me impactó y lo continúa haciendo profundamente, respuestas que aún no logro procesar completamente, quizás parezca una exageración pero es así, y es que me resisto a creerlo.

      Las editoriales “reciclan los libros por no querer tener material en bodega y simplemente los destruyen…”; “Dicen que no pueden regalar libros a bibliotecas… Es una situación confusa en donde pierden los autores y la cultura nacional”, esto es lo que el escritor chileno Jorge Marchant Lazcano me respondía en Facebook a esta pregunta.

      Una respuesta de preocupación y consideración con quienes de verdad aman la lectura, los libros y la cultura en general. “Lo que no se vende, se salda, y lo que no se salda, se pica”, me decía en Twitter el escritor Pablo Simonetti, con otra mirada, con una expresión mas bien fría y contundente, pero no menos real, y ello quiere decir, ni mas ni menos que los libros que no se venden terminan siendo destruidos, ya que el costo de almacenarlos es más alto, por ende es mas barato destruirlos.

      Cómo lo hacen, dónde lo hacen es un tema que sacude mi imaginación. Yo, lector de pequeño y constructor de mi biblioteca personal, como miles de otros y otras para quienes la literatura en su expresión impresa tiene un valor altísimo.

      Para mi cada libro representa una pequeña o una gran historia, ya sea por el valor de su autor, las circunstancias de su lectura, el impacto que alguna vez tuvo en mi, o simplemente las anécdotas asociadas a este, entre las que he tenido varias con algunos autores como ya lo he contado por ahí.

      Cómo es posible que el destino final de estos libros sea arder en la pira sin ninguna contemplación, más que por frías decisiones económicas. Estos antecedentes ameritan, a mi juicio, una pequeña investigación, preocupación o lo que sea.

      Consulté a un par de periodistas amigos quienes a su vez consultaron algunas fuentes vinculadas a editoriales y me confirmaron lo mismo, la cruel realidad es así, lo confirmo una y otra vez.

      En estos días que tanto se discute sobre educación alguien debería diseñar alguna respuesta para este problema… Y pienso y digo, no existirá alguna alternativa para ese resto de libros que no son posibles de vender en el mercado, de donarlos a bibliotecas públicas o escuelas o liceos, incluso regalarlos, que lectores ávidos de lectura aun existen y por miles.

      ¿Qué les pasa a los libros que no se venden?

      Redactado por el devorador de libros

      La mayoría de libros perece al poco de ver la luz; la inmortalidad se reduce a un par de semanas en la mesa de novedades. Y es que cuando un libro no tiene buena acogida, las pequeñas librerías y las grandes superficies lo devuelven a las editoriales, las cuales almacenan esas obras a la espera de darles una mejor oportunidad.

      Así es como las novelas vuelven a la mesa de los establecimientos, pero a precios mucho más bajos. Hay algunas que tienen suerte y pasan a mejor vida, las estanterías de lectores, pero hay otras que ni con esas consiguen venderse. De este modo, son devueltas otra vez a las editoriales, quienes acaban con su sufrimiento destruyéndolas.

      Hace un mes, el diario El Confidencial dedicaba unas líneas a la vida de los libros. A pesar de que esto no es un secreto, cada vez que vuelve a la palestra mediática sorprende a los amantes de los libros, quienes se preguntan si no habrá otra solución. Lo cierto es que donarlos a bibliotecas o asociaciones no es rentable, es más barato destruirlos. Venderlos a empresas de reciclaje es la solución menos compleja, aunque no nos guste nada. Y eso que con esta venta las editoriales, no hablemos ya de los escritores, ganan apenas nada. El libro vuelve a ser libro o revista o periódico y el ciclo se pone en marcha de nuevo.

      Es sabido que se publican muchísimas obras más de las que se venden. Las cuentas, desde luego, no salen y es casi imposible imaginar cuántos libros hay esperando que alguien se fije en ellos.

      Así mueren los libros que no se venden

      Redactado por David González (en el confidencial)

      Las novelas que no se venden mueren tres veces. Duran menos de un mes en librerías; deambulan a precio de saldo; y, luego, sufren un nuevo ‘efecto Fahrenheit’: acaban recicladas como un tetrabrik

      El infierno para un libro ya no es acabar calcinado por el lanzallamas de un bombero censor, como en Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. No. La condena de una novela que no se vende llega tras descansar en un tanatorio y vagar como un alma en pena.

      “Antes se veía como una suerte de horror para un escritor estar un mes en la mesa de novedades de una librería. Ahora, hay libros que solo están una semana”, afirma Juan Jacinto Muñoz Rengel, autor de la novela El asesino hipocondríaco. Porque no todos los escritores son Ken Follett o E. L. James. Existen otros autores que se pasan media vida pergeñando una novela, se la publican y antes de recibir una buena o mala crítica ya han perdido toda oportunidad. Incluso los superventas tienen títulos invendidos.

      Las grandes editoriales funcionan inundando las librerías de novedades y siempre producen mucho más de lo que van a vender, porque “la pila de libros era lo que vendía libros”, añade Muñoz Rengel.

      ‘Con la crisis, el mercado de saldo está colapsado y no se vende ni siquiera a uno, dos o tres euros’

      Así, el mencionado tanatorio de los libros es alguno de esos inmensos almacenes de las editoriales. Allí acaban apilados en palés o altas estanterías los ejemplares que ni las librerías ni los grandes centros comerciales logran despachar. Es su primera muerte; descanse en paz.

      “Cuando las librerías devolvemos esos títulos, esos libros acabarían en esos almacenes si el editor no decidiese bajar el precio y volverlo a sacar para el mercado de saldo”, asegura Ruth González, directora de Marketing de Top Books.

      No en vano, este tipo de establecimientos de saldo, los mercadillos o las ferias ambulantes dan esa segunda vida a un libro que muere al mes de su publicación; pero también se convierte en un terrible purgatorio. Morir es triste; resucitar como un fantasma debe ser espantoso.

      “Si el libro tiene un coste alto en almacén, el editor lo lleva a pérdidas e intenta colocarlo entre los saldistas, a precios de uno, dos o tres euros. Sin embargo, con la crisis, el mercado de saldo también está colapsado y no se vende ni siquiera a esos precios”, añade Manuel Gil, autor de El paradigma digital y sostenible del libro.Cuando le preguntamos a Juan Jacinto Muñoz Rengel si él sabe dónde acaban las novelas muertas que no sobreviven tampoco al circuito de saldo, niega con la cabeza y nos devuelve una pregunta.

      – ¿Los destruyen?

      Sí. Sufren un nuevo ‘efecto Fahrenheit’. Sin embargo, en lugar de arder bajo las llamas, acaban triturados, aplastados, apilados y convertidos en una masa amorfa. Esperan una última resurrección. “Cuando todas las editoriales están saldando títulos a cuchillo y los saldistas ni siquiera pueden colocar libros a uno, dos o tres euros, la última opción es venderlos como pasta de papel”, confirma Manuel Gil.

      Las fábricas que reciclan cartones o papel gráfico pagan precios a la baja por la tonelada de libros, periódicos o revistas, debido a la gran oferta. Este mercado también está saturado. E incluso las partes -editor y fábrica de papel- discuten en ver quién paga el transporte de los libros hacia su destrucción. A menudo, el editor no gana dinero en efectivo en esta entrega. Si su editorial le compra papel para nuevas ediciones a la misma fábrica de reciclaje, los libros muertos le reportan un saldo a su favor, a modo de descuento.

      Esta tercera muerte del libro lo reencarnará en papel para próximos ejemplares, aunque no siempre es así.

      “Nuestro país recicló cinco millones de toneladas de papel y cartón en 2014. Las fábricas de reciclado convierten los libros, revistas y periódicos en papel gráfico para nuevos libros, revistas, periódicos o bien para otros embalajes”, explica David Barrio, director de reciclaje y logística de la patronal Aspapel.

      En España, se publican más de 246 millones de libros. Los editores sólo logran vender 153 millones

      En España, se publican más de 246 millones de libros (ejemplares, no títulos). Los editores sólo logran vender 153 millones, según datos de 2013 de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE).

      Ningún editor confirma con certeza dónde está esa diferencia entre publicados y vendidos -esos otros 93 millones de libros-. Fuentes del sector pronuncian las coletillas “fase de lanzamiento” o “se adelantan en imprenta para Navidad o Sant Jordi”. Apenas susurran “almacenados como invendidos”. De hecho, nadie ‘de la familia’ habla del muerto.

      “Cuando escribes una novela, estás pensando en una obra literaria, no en ese soporte que, al final, necesita del papel y que acaba totalmente engullido por el sistema”, apostilla el escritor Muñoz Rengel. Engullido, triturado y aplastado. Esa es la tercera muerte de los libros que no se venden. Pasta de papel que espera renacer como un nuevo libro, aunque por el camino, quizás, también se reencarne en fibras que den un poco de vida a un simple tetrabrik de leche (que también alimenta).

      R.I.P.

       

      ¿Por qué la gente ya no lee libros?

      Redactado por JMX Trans CORPORACIÓN

      Hay un número creciente de personas que simplemente ya no leen libros. No hay razones establecidas para que esto ocurra, algunos se ven obligados a leer libros en la clase de inglés y simplemente no leen más. Otros no leen libros, sino artículos de noticias y publicaciones de blog en línea, pero no libros. ¿Por qué es este el caso?

      La investigación de consumo de TGI de Kantar Media publicada en 2019 sugiere que solo el 51% de los adultos en el Reino Unido leyeron al menos un libro el año anterior. No solo es una disminución del 56% en el año anterior, sino que también significa que el 49%, esencialmente la mitad, de los adultos en el Reino Unido no leyeron un solo libro en 12 meses completos.

      Pew Research Centre sugiere que los ciudadanos estadounidenses están leyendo sustancialmente más libros, con solo el 27% de los estadounidenses diciendo que no leyeron un libro en 2019, pero el grupo de investigación Pew era pequeño, solo entrevistó a unos pocos miles de personas y no representa lo que realmente está sucediendo en los EE.

      » La proporción de estadounidenses que leen por placer en un día determinado», explica Data wonk Christopher Ingraham en el Washington Post, » ha disminuido en más de un 30% desde 2004.» Aquí hablamos de principios de este milenio. Sus cifras se basan en material extraído de la última Encuesta Estadounidense sobre el Uso del Tiempo de la Oficina de Estadísticas Laborales. «En 2004″, continúa Ingraham, » aproximadamente el 28% de los estadounidenses de 15 años o más leen por placer en un día determinado. El año pasado, la cifra fue de alrededor del 19%.»

      De acuerdo con un artículo en la revista Maclean’s de Jonathon Gatehouse, «los Estados Unidos están siendo invadidos por una ola de pensamiento anti-científico y anti-intelectual.»Las encuestas en Estados Unidos han encontrado que:

      • Solo el 28% de los estadounidenses leen 11 o más libros en un año, y el 28% admite con orgullo no leer ni una sola vez;
      • el 42% todavía cree que toda la vida en la Tierra fue creada por Dios en lugar de por la evolución;
      • El 51% rechaza la evaluación científica de que el universo comenzó con un «big bang» hace 14 mil millones de años y que nuestro planeta ha existido por más de 4 mil millones de años;
      • solo el 33% cree que los científicos tienen razón al declarar que el calentamiento global es «causado por el hombre», mientras que la mayoría lo considera simplemente un desarrollo natural recurrente.

      Como David Denby señaló en un ensayo en The New Yorker, «millones de niños (preadolescentes) han leído los libros de Harry Potter, El Señor de los Anillos y otras novelas de fantasía. Pero cuando cumplen 12 o 13 años, a menudo dejan de leer en serio. Los chicos se desvían hacia los deportes o los juegos de ordenador, las chicas hacia la amistad en todos sus desgarradores misterios y satisfacciones de favor y exclusión. . . El tiempo de adolescencia en las pantallas se ha incrementado hasta el punto en que se apodera de muchas vidas jóvenes en conjunto.»

      Denby advierte que, «si el resto de nosotros renunciar a leer libros sin luchar, vamos a arrepentir, incluso avergonzarse como la cultura ahuecada.

      Nos seguimos leyendo, escuchando y compartiendo.

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    • Jaime SantillanaJaime Santillana
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      Prefiero los libros digitales. Son más baratos, no ocupan sitio y en caso de traslado te ahorras un buen pico y no acumulan polvo ni se estropean. También se pueden escuchar desde cualquier lugar, sin ir cargado. Marcar la página o páginas que te interesen. Hacer reseñas cómodamente desde tu dispositivo sin buscar adrede el punto de venta.

    • Jaime SantillanaJaime Santillana
      Invitado
      Número de entradas: 588

      jajaja la sorpresa que me acaba de dar una buena amiga. La Inteligencia Artificial (IA), ya es capaz de crear novelas; por lo visto promete esta novedad IA que ha asomado hace poco, en años. Incredible. Estoy seguro, que los consumidores solo por la novedad morbosa irán a este tipo de libros. Pensándolo bien, da mucho juego dado que la ficción no tiene límites y la IA se está empoderando. Autores, buscar esta información porque ¡el futuro ya ha llegado! https://fahrenheitmagazine.com/life-style/tecnologia/conoce-esta-novela-escrita-por-inteligencia-artificial.  ¿Sustituirán los robots a los autores, redactores, perioristas, críticos,…?  Salud2. Jaime

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Respuesta a: ¿Por qué se editan tantos libros, si tan poca gente lee?

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