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Debate
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Como venimos sosteniendo en esta web de psicología, existe un enorme problema con los vínculos, y en última instancia, con la construcción de familias.
Diferentes investigaciones coinciden en un mismo hecho: mientras las mujeres jóvenes se han situado como progresistas, identitarias, y dentro de la cultura woke, incluso desde el activismo, los hombres permanecen ideológicamente estables o se mueven levemente hacia posturas conservadoras o de desafección política.
Como ya sabemos, partidos como el PSOE se declaran como feministas y saben que ganan las elecciones fundamentalmente por el voto de las mujeres, así que no es de extrañar que hayan dado muchos beneficios a tal colectivo. Según la famosa lista “diferencias entre hombres y mujeres en España” existen 537 ventajas, subvenciones y leyes a favor de las mujeres (2026), y ninguna a favor del hombre.
Estos incentivos “perversos” hay que sumarlos a las pedagogías basadas en la emocionalidad, a un nuevo neolenguaje, a unas redes sociales que premian la indignación performativa y hay que sumar que los espacios formativos, culturales, y sobre todo universitarios han sido colonizados por la cultura woke, espacios donde el disenso es castigado severamente y por miedo ni se llega a debatir.
Los hombres, en cambio, han reaccionado con desapego confitado de cinismo o simplemente se han retirado (pasan). Han optado por abandonar los debates públicos que perciben como hostiles, moralmente asfixiantes o ajenos. Dicho con una fruslería, prefieren comprarse una Ducati a mantener una relación de pareja. Las estadísticas también nos muestran que, ante esta situación actual, son los hombres los que mayoritariamente no quieren vivir en pareja.
En suma, la política, en vez de fomentar la unión, la familia y el tener hijos, ha conseguido hacer justo lo contrario; que hombres y mujeres interpretan la realidad desde códigos morales y simbólicos incompatibles donde las prioridades vitales son cada vez más divergentes.
En consecuencia, la formación de parejas estables se vuelve cada ve más improbable. Con los datos en la mano vemos que los matrimonios —formales o de hecho— han caído a mínimos históricos y el desplome de la natalidad es un desastre sin precedentes en la historia, rompiéndose incluso el principio de conservación de la especie.
El daño en relación a los vínculos ya está hecho.
FERNANDO PÉREZ DEL RÍO
Dr. en Psicología | Consulta privada de psicología
Profesor de la Universidad de Burgos
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