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Debate
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Hay drogas que encajan especialmente bien en una determinada época. Y quizá la cocaína sea una de las drogas que mejor representa nuestro tiempo.
Vivimos en una sociedad compleja y acelerada, orientada al rendimiento. Hay que viajar compulsivamente, conseguir objetivos, resolver mil trabas burocrática, destacar en la fiesta y reír el que más y colgarlo en las redes. El descanso parece, en ocasiones, una pérdida de tiempo. Incluso el ocio se ha convertido en una actividad que debe ser ordenada en vacaciones.
En ese contexto, la cocaína ofrece una promesa especialmente atractiva: más desinhibición y capacidad para aguantar. Es una sustancia que parece decirle al individuo contemporáneo: “puedes seguir” “puedes con todo” y si has bebido dos copas de más, podrás seguir bebiendo con la ayuda de la Cocaina.
Y en todo esto encontramos lo que podríamos llamar la ideología de la cocaína: la ilusión de que siempre podemos exigirnos un poco más sin pagar un precio, la sensación de que no hay límites en un no-parar. Este tema ya lo abordamos en profundidad en el libro Drogodependencias y sexualidad (2016) editado por Biblioteca Nueva.
España presenta, además, un consumo de cocaína elevado en comparación con otros países europeos. Según los últimos datos del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, en 2024 el 2,5 % de la población española de 15 a 64 años declaró haber consumido cocaína en el último año; son más de 792.000 personas.
Pero hay otro fenómeno preocupante y en el cual nos debemos detener: la normalización. La cocaína ha dejado de aparecer, para muchas personas, como una droga especialmente peligrosa. Se asocia a determinadas noches, ambientes laborales, al dinero, al poder, a fiestas o fines de semana, te convierte en una persona más amistosa, lista, te hace reír más alejándote de cualquier tristeza.
Es la lógica del capitalismo de poder siempre un poco más, la lógica de nuestro actual individualismo voraz, puesto que no se consume para cuidar a los hijos… el cocainómano no suele tener hijos. Sólo suele pensar en él mismo y no se da cuenta.
Las justificaciones son siempre las mismas, “yo controlo, yo soy libre”, “solo consumo de vez en cuando”, “no soy un drogadicto, hago lo que me da la gana”. Sin embargo, esa percepción de control es precisamente una de las trampas de la sustancia.
La cocaína es un potente estimulante y tiene una elevada capacidad adictiva. El consumo repetido modifica los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa y rápidamente puede generar tolerancia y dependencia incluso cuando el consumo no es diario.
Y tampoco debemos olvidar sus riesgos físicos. La cocaína puede provocar complicaciones cardiovasculares y neurológicas graves, entre ellas infartos, alteraciones del ritmo cardíaco e ictus; el Ministerio de Sanidad señala específicamente su relación con un mayor riesgo tanto de ictus isquémico como hemorrágico.
Por eso es importante desmontar la idea de que la cocaína es una droga “controlable” simplemente porque se consuma de manera ocasional o social. La ausencia de un consumo diario no significa ausencia de un problema.
En las drogas siempre hay en juego tres variables: la capacidad adictiva de la sustancia, en este caso es muy alta. La segunda variable es el contexto social que lo favorezca, y sin duda estamos viviendo un contexto social consumista y sobre todo individualista – hedonista que también lo favorece. Y en tercer lugar, la variable que debemos considerar es la psicológica, que la persona tenga problemas personales que puedan favorecer el consumo, puesto que detrás del consumo puede haber ansiedad, necesidad de rendir, dificultad para descansar, vacío emocional, problemas de autoestima o una necesidad constante de escapar de uno mismo.
En mi consulta trabajo precisamente con personas que están atravesando este tipo de dificultades y con problemas relacionados con el consumo de cocaína y otras adicciones. Pedir ayuda no significa haber fracasado. A veces significa, precisamente, dejar de intentar mantener un ritmo que nuestro cuerpo y nuestra mente ya no pueden sostener.
Si sientes que la cocaína empieza a ocupar demasiado espacio en tu vida. Podemos trabajar para recuperar el control y construir una forma diferente de estar en el mundo.
FERNANDO PÉREZ DEL RÍO
Dr. en Psicología | Consulta privada de psicología
Profesor de la Universidad de Burgos
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