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Debate
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La sostenibilidad ha dejado de ser un capítulo en la agenda corporativa. Es el índice completo de la economía que viene. Y España, como Galicia o como cualquier región que aspire a competir en la próxima década, tendrá que decidir si quiere formar parte de esa transición o limitarse a observarla desde la barrera.
Durante años, la sostenibilidad corporativa fue tratada como un gesto. Un capítulo amable en los informes anuales, una señal de modernidad, una forma de alinearse con las expectativas sociales sin alterar demasiado la arquitectura del negocio. Esa fase ha terminado. El Barómetro de Avances Empresariales 2026, desarrollado por el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), es decir, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, en colaboración con la Marrakech Partnership, la Breakthrough Agenda y el Climate High-Level Champions, y con el apoyo analítico de Bain & Company, revela un cambio profundo: la sostenibilidad ya no es un complemento, sino el eje sobre el que se reorganiza la economía real. No es una moda ni una narrativa; es una transformación estructural que está redefiniendo la competitividad global.
Según Peter Bakker, presidente y CEO de WBCSD, este barómetro “muestra que la era de la sostenibilidad impulsada principalmente por la ambición está llegando a su fin. Lo que está surgiendo es una nueva fase más duradera, en la que la sostenibilidad cada vez más se está consolidando como fuente de resiliencia y competitividad”.
El informe, elaborado con la participación de más de 500 compañías de todo el mundo (50 países), muestra que las empresas han dejado de preguntarse si la transición es necesaria. La pregunta ahora es cómo acelerarla en un entorno marcado por riesgos crecientes, tensiones geopolíticas y una volatilidad regulatoria que amenaza con encarecer cada decisión estratégica. La paradoja es evidente: cuanto más incierto se vuelve el contexto, más decididas están las empresas a avanzar. La transición ya no es una aspiración; es una defensa económica.
Más del 90% de los líderes empresariales consideran que la sostenibilidad será una fuente directa de ventaja competitiva en los próximos años. Esto no responde a una convicción moral, sino a una lectura pragmática del mercado. La electrificación, la energía limpia, la circularidad y la agricultura regenerativa se están consolidando como mecanismos de eficiencia, reducción de costes y resiliencia operativa. La sostenibilidad, en su versión madura, es una estrategia de gestión del riesgo.
Pero el barómetro introduce un matiz inquietante: la transición avanza, sí, pero lo hace en un terreno cada vez más inestable. La mayoría de los líderes empresariales considera hoy más probable una transición desordenada que hace un año. Y una transición desordenada no es un concepto abstracto. Significa interrupciones en las cadenas de suministro, cambios abruptos en políticas públicas, volatilidad energética y presión inflacionaria sobre los consumidores. Lo más preocupante es que solo una minoría de empresas se siente preparada para gestionar ese escenario. La brecha entre riesgo percibido y capacidad real de respuesta es uno de los puntos más delicados del diagnóstico.
España aparece en el informe como un caso paradigmático de esta tensión. Por un lado, es una de las economías donde la transición energética avanza con mayor velocidad: despliegue renovable acelerado, liderazgo en fotovoltaica, electrificación creciente y un tejido empresarial que ya interpreta la sostenibilidad como una condición de competitividad. Por otro lado, es también uno de los países donde la volatilidad regulatoria se percibe como un riesgo directo para la inversión. Las empresas españolas reclaman marcos estables, claridad en los incentivos y menos bandazos legislativos que comprometan decisiones a 30 o 40 años. La transición avanza, pero lo hace sobre un terreno que todavía no está consolidado.
El informe también sitúa a España entre las economías más expuestas al riesgo climático. Sectores como la agricultura, el turismo, la construcción y la energía operan en un contexto de estrés hídrico, degradación de suelos y eventos extremos cada vez más frecuentes. La agricultura regenerativa, en este sentido, deja de ser una opción “verde” para convertirse en una necesidad productiva. No es una mejora ambiental: es una estrategia de supervivencia para un país que depende de su capacidad de producir en condiciones cada vez más adversas.
En el ámbito industrial, España destaca en circularidad. La recuperación de materiales críticos ─especialmente en automoción y baterías─ se está consolidando como un vector estratégico. No es casual: la circularidad se ha convertido en una forma de reducir dependencia externa y reforzar soberanía económica. En un mundo donde las cadenas de suministro se tensan y los materiales estratégicos se convierten en armas geopolíticas, la capacidad de recuperar, reciclar y reintroducir recursos es una ventaja competitiva real.
Todo esto sitúa a España en un punto singular: es un país que avanza rápido, que tiene capacidades industriales y energéticas relevantes, pero que opera en un entorno regulatorio frágil y en un territorio climáticamente vulnerable. La transición es un hecho, pero el camino no está despejado.
Por tanto, este barómetro de 2026 no es un informe más. Es una radiografía de la economía global en un momento de inflexión. Las empresas han entendido que la transición no es un coste, sino una inversión. No es un sacrificio, sino una arquitectura estratégica. No es una obligación regulatoria, sino una condición de supervivencia. La pregunta ya no es cuánto costará la transición. La pregunta es cuánto costará no hacerla. Y, sobre todo, cuánto costará hacerla mal.
La sostenibilidad ha dejado de ser un capítulo en la agenda corporativa. Es el índice completo de la economía que viene. Y España —como Galicia, como cualquier región que aspire a competir en la próxima década— tendrá que decidir si quiere formar parte de esa transición o limitarse a observarla desde la barrera. Porque la economía real ya ha tomado una decisión: avanzar hacia la sostenibilidad, incluso cuando el terreno geopolítico tiembla.
XOSÉ GABRIEL VÁZQUEZ
Psicólogo Social l Analista Social l Redactor | Columnista |
Escritor l Profesor de Master universitario UNED l Divulgador
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