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Debate
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Conviene detenerse en la sustancia que convirtió a Siria en el principal productor mundial de drogas sintéticas: el captagón. Originalmente, “Captagón” era el nombre comercial de la “fenetilina”, un fármaco sintetizado en Alemania en 1961 y utilizado para tratar la narcolepsia, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y algunos cuadros depresivos. Y una vez ingerida, el organismo la metaboliza principalmente en “anfetamina y teofilina”, dos sustancias responsables de sus efectos estimulantes. La anfetamina incrementa la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, produciendo un aumento del estado de alerta y de la actividad física y mental, mientras que la teofilina actúa como broncodilatador y estimulante del sistema nervioso central.
Debido a su elevado potencial de abuso y dependencia, la Organización Mundial de la Salud impulsó su retirada y el medicamento fue prohibido en la mayoría de los países durante la década de 1980.
Es importante distinguir, sin embargo, entre el Captagón farmacéutico original y el “captagón ilícito” que hoy domina los mercados clandestinos. Aunque ambos comparten el mismo nombre, ya no son el mismo producto.
El captagón ilegal no posee una fórmula química única, ya que cada organización criminal modifica la composición en función de la disponibilidad de precursores químicos, del coste de producción y de los efectos que pretende conseguir. Esta variabilidad incrementa considerablemente los riesgos para la salud, pues el consumidor desconoce la composición real de cada comprimido.
Los efectos del captagón explican en gran medida su expansión. En dosis moderadas produce una intensa sensación de energía, disminuye la fatiga, aumenta la concentración, reduce la necesidad de dormir y de comer, e induce una sensación pasajera de confianza y euforia.
Estas características lo convierten en una sustancia especialmente atractiva para personas sometidas a largas jornadas laborales o para consumidores que buscan prolongar el estado de vigilia. Sin embargo, sus consecuencias son potencialmente devastadoras. El consumo repetido puede generar “adicción, ansiedad, irritabilidad, insomnio, hipertensión arterial, taquicardia, pérdida importante de peso, episodios psicóticos, alucinaciones, paranoia y alteraciones graves del sistema cardiovascular y neurológico”. A largo plazo, el abuso de estimulantes anfetamínicos provoca un deterioro progresivo de la salud física y mental, acompañado de una elevada dependencia psicológica.
Siria encontró en el captagón una oportunidad económica excepcional. Tras más de una década de guerra civil, con la economía devastada, las exportaciones tradicionales prácticamente desaparecidas y sometida a un severo régimen de sanciones internacionales, el país necesitaba desesperadamente nuevas fuentes de ingresos. La fabricación de drogas sintéticas reunía todas las condiciones para convertirse en una industria extraordinariamente rentable: requería una inversión relativamente reducida, podía ocultarse fácilmente en instalaciones industriales o militares y generaba beneficios multimillonarios gracias a una demanda creciente en la región.
La mayor parte de la producción tenía como destino los países de la península Arábiga, donde el consumo de captagón experimentó un notable incremento durante las dos últimas décadas. Arabia Saudí se consolidó como el principal mercado receptor, absorbiendo una parte muy significativa de los cargamentos interceptados por las autoridades internacionales. También se detectaron importantes rutas de tráfico hacia los Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Irak, Kuwait, Catar, Baréin y Omán, además de envíos puntuales hacia Europa y el norte de África. Las organizaciones criminales ocultaban los comprimidos en cargamentos de frutas, maquinaria industrial, materiales de construcción o productos alimentarios para dificultar su detección en puertos y fronteras.
La elevada demanda en estos países de Oriente Medio y la península arábiga (EUDA, 2023), respondió a múltiples factores. En algunos casos, el captagón se popularizó como una droga recreativa asociada al ocio nocturno; en otros, fue utilizado por trabajadores sometidos a jornadas extremadamente largas, como conductores, empleados de la construcción o vigilantes de seguridad, que buscaban combatir el cansancio y prolongar el rendimiento físico. Este fenómeno demuestra que los mercados de drogas no son universales, sino que responden a contextos sociales, económicos y culturales específicos.
Así como la cocaína ha dominado históricamente los mercados americanos y europeos, el captagón terminó convirtiéndose en la principal droga sintética de gran parte de Oriente Medio.
España presenta un consumo relativamente bajo de anfetaminas: en 2024, el 0,4 % de la población de 15-64 años declaró haberlas consumido en el último año (OEDA, 2025).
En comparación con otros países europeos, España está por debajo de los niveles de consumo del norte y centro de Europa (EUDA, 2026).
La caída del régimen de Bashar al-Ásad en 2024 permitió observar una realidad que durante años había permanecido parcialmente oculta. En antiguas bases militares, fábricas y almacenes aparecieron laboratorios clandestinos equipados con prensas industriales, reactores químicos, sustancias precursoras y millones de comprimidos preparados para su exportación. Aquellos hallazgos confirmaron que la producción de captagón no constituía una actividad marginal, sino una auténtica industria organizada que había llegado a integrarse en la estructura económica del Estado.
El caso del captagón demuestra cómo una droga puede trascender el ámbito sanitario para convertirse en un instrumento económico y geopolítico. Ya no se trata únicamente de una sustancia destinada al consumo recreativo, sino de un producto capaz de financiar economías de guerra, sostener redes clientelares, fortalecer organizaciones criminales e incluso contribuir a la supervivencia de un régimen aislado internacionalmente. Siria representa, en este sentido, uno de los ejemplos más claros de cómo el narcotráfico puede transformarse en un pilar económico de un Estado cuando las instituciones se debilitan y la economía legal deja de ser capaz de sostener el poder político.
FERNANDO PÉREZ DEL RÍO
Dr. en Psicología | Consulta privada de psicología
Profesor de la Universidad de Burgos
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