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Debate
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Estéticamente maravillosa e ideológicamente una bazofia.
En primer lugar, sabemos que nuestro Gobierno actual progresista, a fecha de 2026, subvenciona las películas dirigidas por mujeres, por colectivos LGTBI, etc. Sabemos que te dan más puntos para obtener la subvención si la temática es LGTBI, si la directora es mujer, si los protagonistas son de otras razas, si la pareja es de color, etc. Si eres hombre blanco heterosexual te puedes morir del asco.
Así que, casi después de una década de dichas políticas culturales, el producto sea una película bastante gay como «La bola negra».
Pero no hay que olvidar nunca que —no solo los gays hacen buenas películas— dichas políticas culturales han anulado todo lo demás al no subvencionar nada más. Al igual que antes se perseguía al homosexual, hoy se arrincona lo que es mayoría estadísticamente hablando: al hombre blanco, cisgénero, heterosexual, etc. Ya lo explicó muy bien el director de cine Juanma Bajo Ulloa.
En resumen, está película es otro producto político de la confrontación de unos contra otros que tanto busca la izquierda, la película busca nuevamente el enfrentamiento ente “los que ellos dicen que son buenos y los que ellos llaman malísimos”, y que tanto subvenciona el gobierno.
Casualmente, a la salida del cine me encontré con una mujer extranjera, profesora de Filología Española, que salía muy decepcionada y enfadada por haberse encontrado a un Lorca desfigurado, a una especie de payaso, —según ella—. Efectivamente, uno va al cine con la ilusión de ver a Lorca y lo que se encuentra es un Lorca esmirriado, un Federico García Lorca donde parece que lo único importante en su vida es su homosexualidad, y nada más lejos de la realidad. Lorca fue un autor universal, extraordinario, que merece estar por encima de todo y por lo cual esta profesora extranjera de Literatura Española salía tan decepcionada del cine. Por cierto, Federico García Lorca tuvo una pareja y fue una mujer. Esa es la realidad.
La bola negra es estéticamente maravillosa e ideológicamente infumable. Veamos: realmente, uno está cansado de ver películas españolas, por muy buenas que sean, donde se enfrentan buenos y malos, derechas e izquierdas, hombres contra mujeres, ricos contra trabajadores, y hoy en día inquilinos contra rentistas; y en verdad estamos muy cansados de que se hable tanto del muro, de que se hable del guerracivilismo. La película se nutre de «esa política casposa» que vive de «ese enfrentamiento», de «esa confrontación» entre españoles. Dicho sea de paso, una confrontación artificial que solo beneficia a los políticos progresistas que buscan su nicho de votos y que, como vemos, se dedican a subvencionar.
Bien lo dijo Zapatero cuando gobernaba a micrófono cerrado —necesitamos más tensión y confrontación—.
Quizá estemos acostumbrados a que nos presenten personajes históricos españoles donde parece que lo único importante sea su homosexualidad, al igual que en la película El cautivo, de Alejandro Amenábar, donde nos esboza a un Cervantes que ponía el acento en su supuesta homosexualidad. En realidad, no se sabe si fue homosexual, ¿y qué importa?
Quizá lo que me moleste como aficionado al arte es que no se hable de su genialidad ni de su obra universal. Pareciera como si el objetivo es promover solo la homosexualidad, difundirla como sea sacándola de su normalidad.
Cuando un personaje histórico o literario se convierte únicamente en representante de una determinada causa, se pierde precisamente aquello que podría hacerlo más interesante: su humanidad, su genialidad.
Lorca permite hablar de literatura, poesía, amistad, creación artística, de España, de Granada, de la sociedad de su tiempo y de las enormes contradicciones de aquella época. Reducir todo ese universo a una cuestión concreta como su supuesta homosexualidad supone, a mi entender, desaprovechar una oportunidad cinematográfica extraordinaria. En este sentido, nos encontramos ante otra oportunidad desaprovechada.
Precisamente por la importancia de los personajes y de los temas que aborda, considero que La bola negra tenía ante sí una oportunidad enorme. Se podía haber construido una película que nos juntara en armonía, capaz de acercar a una nueva generación a Lorca desde una perspectiva mucho más amplia y universal.
Pero lo que hace está película, estéticamente hermosa, es volver al guerracivilismo de buenos y malos, por eso digo que es una película ideológicamente mala, una mierda, como si las izquierdas no hubieran cometidos los mismos delitos y no hubieran asesinado a miles de personas. Pero claro… de eso no sé puede hablar porque no te hubieran dado la subvención. Resulta que según los directores unos son los buenos y otros los malos al estilo filosófico del nivel de Epi y Blas.
La bola negra es una película que parte de un mensaje político-ideológico que quiere transmitir y después construye la historia alrededor de ese mensaje. Cuando sucede esto, los personajes dejan de parecer personas reales y se convierten en instrumentos para defender una determinada idea.
Pongamos un ejemplo para que se entienda mejor. Nosotros escuchamos las noticias en los telediarios, pero hoy, a fecha de 2026, los telediarios ya apenas te dan noticias; véase TVE o La Sexta.
Lo que hacen es darte opiniones sobre la noticia, o te dan la noticia y al instante te la interpreta y comenta un periodista, y esto no debería ser así, puesto que la opinión la debe generar uno mismo libremente. La bola negra hace algo parecido: te da mascado lo que debes pensar y sentir, da interpretada la información, da por supuesta la historia y masticadas incluso las emociones. Me han dirigido incluso lo que debo sentir y por qué debo llorar. ¿No podría sentir pena por los miles de muertos —curas, monjas y políticos— quemados vivos que exterminó la República Española? O los miles de asesinatos que permitió la República mirando para otro lado. Se me había olvidado… las películas que tratan por ejemplo sobre la trascendencia o del catolicismo no son subvencionadas.
El cine, en mi opinión, no debería decirnos constantemente qué tenemos que pensar. Puede plantear conflictos, mostrar distintas perspectivas y hacernos reflexionar, pero debería dejar también espacio para que sea el espectador quien saque sus conclusiones. Así que tenemos una película de personajes planos.
En definitiva, los personajes me parecen, en determinados momentos, demasiado supeditados al discurso que la película quiere transmitir, salvo en el caso de Sebastián, el protagonista de la trompeta. Se sobreentiende que hay que justificar la subvención y no dejar dudas de lo que la ideología del Estado pretende transmitir.
Echo de menos la ambigüedad y el pensar libremente. Por cierto, los grandes personajes y las grandes historias suelen admitir diferentes interpretaciones.
El cine español resulta muy casposo: tener que escuchar siempre el mismo discurso de unos contra otros que interesa a la izquierda. Y que nos dimos unos y otros. Y, si vamos a la actualidad de 2026, pareciera que solo hay personas sin ningún sentido de trascendencia, sin límites, poniéndose rayas de coca e infantilizados, poniéndose los cuernos. Por eso mismo triunfan las telenovelas turcas, porque hay límites y ambigüedades en las relaciones y eso sí da mucho juego.
Cuando una película deja demasiado claro desde el principio quién representa determinadas ideas y quién representa las contrarias, el relato pierde parte de su riqueza. Por eso, esta película es estéticamente maravillosa, pero ideológicamente una bazofia.
FERNANDO PÉREZ DEL RÍO
Dr. en Psicología | Consulta privada de psicología
Profesor de la Universidad de Burgos
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