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Debate
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Puedo compartir que existe un problema educativo ( que existe desde hace varias décadas ) que debemos analizar. Creo que se enfoca demasiado en los alumnos y muy poco en quienes formamos, evaluamos y diseñamos el sistema educativo. Falta humildad. ¿no?
Si en una clase tengo 25 alumnos y los 25 fallan, mi primera reacción como docente no es pensar que los 25 tienen un problema. Me pregunto qué he hecho yo: si he explicado bien, si el método era adecuado, si la actividad tenía sentido o si estaba evaluando realmente aquello que había enseñado.
Si ese resultado se repite a gran escala, creo que deberíamos aplicar la misma lógica al sistema.
PISA puede aportar información interesante, pero mide determinadas competencias en unas condiciones concretas. Sus resultados no deberían convertirse automáticamente en un diagnóstico de la capacidad de toda una generación, obviando los matices que envuelven la actualidad.
Hay habilidades fundamentales para el mundo actual que difícilmente quedan recogidas en una puntuación: formular problemas, buscar y contrastar información, trabajar colaborativamente, utilizar herramientas digitales e IA, aprender de forma autónoma, integrar disciplinas, crear proyectos y resolver problemas abiertos que sirvan para todos.
Precisamente por eso creo tanto en el aprendizaje basado en proyectos (ABP). Un proyecto real no entiende de asignaturas aisladas. Para resolverlo aparecen matemáticas, ciencia, tecnología, lengua, idiomas, investigación, comunicación, diseño, economía, trabajo en equipo y, sobre todo, la necesidad de hacer algo con lo aprendido.
Ahí es donde veo en mis alumnos capacidades enormes que no aceptaría reducir a una puntuación de PISA. Porque superan con creces la resolución de proyectos.
También discrepo de la idea de que los alumnos simplemente “ya no leen”. Porque lo que está ocurriendo es que ya no leen siempre de forma lineal: escanean.
En un ecosistema de abundancia informativa, escanear, seleccionar, saltar entre fuentes, detectar rápidamente lo relevante y profundizar cuando es necesario son habilidades que tienen sentido. No tiene por qué ser una pérdida de capacidad lectora; puede ser un cambio en la estrategia de acceso a la información.
Eso no significa abandonar la lectura profunda, la concentración o el pensamiento crítico (escaldados de tanto monográfico lineal en el tiempo). Significa enseñar a cambiar de modo según la tarea: escanear cuando necesitamos localizar información, leer en profundidad cuando necesitamos comprender y analizar, y combinar ambas estrategias cuando necesitamos construir conocimiento. Y menos rúbricas evaluativas.
Como he indicado antes, los proyectos que ellos resuelven son innegables.
Tampoco deberíamos presentar como universal una única forma de organizar visualmente la lectura. Existen tradiciones de escritura y lectura verticales, como las utilizadas históricamente en chino y japonés, que muestran que la organización espacial del texto puede ser diferente sin que eso implique una menor capacidad lectora.
La cuestión no debería ser tanto si leemos “como antes”, sino qué hacemos con la información que tenemos delante y qué capacidad tenemos para cambiar de estrategia cuando la tarea lo requiere.
Estamos hablando de las pantallas como si fueran el destino final de la transformación digital, cuando probablemente ni siquiera lo sean. Las interfaces están evolucionando hacia entornos cada vez más inmersivos, espaciales, sensoriales y virtuales.
Si hoy discutimos sobre el scroll y la lectura en pantalla, ¿cómo vamos a evaluar dentro de unos años cuando buena parte de la interacción con la información pueda producirse en entornos 3D, mediante realidad aumentada, realidad virtual, interfaces de voz, visión, gestos y experiencias mucho más sensoriales?
Llegado el momento, 3D, RA y RV ¿cómo va a adaptarse PISA a un mundo en el que las formas de acceder, procesar, representar y producir conocimiento serán radicalmente diferentes?
Pienso que el problema no es que los alumnos estén cambiando demasiado deprisa, sino que nuestros sistemas de enseñanza y evaluación estan cambiando muy lentamente…
Cuando intenté incorporar la IA y las nuevas tecnologías a mi forma de enseñar, precisamente para adaptar el aprendizaje al modus vivendi real de los alumnos, en mi propio centro y dentro del mismo sistema educativo se me negó esa posibilidad y, además, sufrí lo que considero una dinámica de gaslighting y un proceso de aislamiento.
Fíjaos que, mientras a los alumnos se les transmite que determinadas herramientas son inadecuadas para aprender, la propia estructura educativa utiliza IA para generar preguntas y tests para exámenes, preparar materiales e incluso ayudar en procesos de corrección de los mismos.
Me resulta bastante llamativo que se pueda considerar que la IA deteriora las capacidades de los alumnos mientras los propios docentes la utilizan para facilitar parte de su trabajo.
Es difícil explicar a un alumno que una herramienta es inapropiada para aprender cuando el adulto que evalúa sí puede utilizarla para trabajar.
¿Y si parte del problema está en que seguimos obligándoles a aprender según un patrón diseñado para otro contexto/época/circunstancia social?
No podemos pedir a una generación que se adapte al mundo actual y, al mismo tiempo, exigirle que aprenda como si ese mundo no existiera.
No se trata de amputar las capacidades nuevas para recuperar las antiguas. Se trata de ampliar el repertorio ¿no?
Saber escanear y saber profundizar, utilizar IA y saber prescindir de ella, trabajar digitalmente y comprender también los fundamentos; aprender rápido y saber detenerse a pensar.
(( Me parece imprescindible establecer qué se está midiendo realmente… ))
Una cosa es conocer qué han respondido quienes participan y otra muy distinta afirmar que eso constituye un reflejo de la educación mundial. Demasiado ambicioso. No hay más que ver las encuestas que se proponen…
Creo que deberíamos dejar de responsabilizar automáticamente a los alumnos de los resultados del sistema y empezar a evaluar también a quienes formamos, a quienes diseñamos los currículos y a quienes evaluamos. Y sobre todo cómo funciona el cerebro actualmente. No olvidemos que es plástico y hay un proceso de cambio cerebral funcional. ¿O resulta que ahora el cerebro no es plástico?
Porque si el sistema educativo forma a los alumnos y después sus resultados son utilizados para evaluar la calidad de ese mismo sistema, la pregunta no puede ser únicamente qué les pasa a ellos. También deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para que estos sean los resultados. Que más deberíamos proponernos antes de hablar de una generación en deterioro. Sin negar que existan algunas irregularidades del comportamiento, ¿Otra vez patologícar de TDA, TDHA ,TEA, ALTAS CAPACIDADES….?
Si utilizamos PISA para evaluar los resultados de los alumnos y, a partir de ellos, cuestionamos la calidad de los sistemas educativos, ¿por qué no existe una evaluación internacional equivalente de las competencias profesionales de quienes enseñamos?
¿Por qué medimos con tanta meticulosidad lo que saben o no saben los alumnos y conocemos mucho peor qué saben hacer quienes tienen la responsabilidad de enseñarles?
Y dado que, existe TALIS, de la OCDE, como instrumento internacional para conocer la realidad docente, ¿por qué tiene una repercusión pública y una capacidad de escrutinio tan diferente de PISA? ¿Por qué no existe un marco de evaluación de las competencias profesionales docentes que tenga una visibilidad, una exigencia metodológica y una relevancia pública comparable? ¿Por qué así solo con alumnos?
No planteo que haya que hacer un “PISA de profesores” para buscar culpables individuales. Un suma cero, por supuesto que no. Planteo algo mucho más básico: si queremos evaluar un sistema educativo, deberíamos evaluar también sus agentes, sus prácticas y sus condiciones, no únicamente los resultados de quienes están al final del proceso.
Y vuelvo al mismo punto de partida: «si el sistema forma a los alumnos y después mide sus resultados, ¿quién evalúa al sistema que los ha formado?». ¿Y si el problema no son los alumnos?. PISA no es toda la historia.
Nos seguimos leyendo, escuchando y compartiendo,…
«FILOTECA sin PAUTA»
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