¿Realmente comemos cuándo tenemos hambre?

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Este debate contiene 2 respuestas, tiene 3 mensajes y lo actualizó PsicoActiva PsicoActiva hace 3 meses, 3 semanas.

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  • #18549 Respuesta
    Filoteca sin Pauta
    Filoteca sin Pauta
    Participante
    Realmente ¿comemos solo por hambre?  Desde la diabetes hasta la caries pasando por la anemia y dificultades de aprendizaje, gran parte de las enfermedades que padecemos están relacionadas con dos problemas de alimentación: "LA OBESIDAD y LA DESNUTRICIÓN."
     
    Por eso es necesario entender cómo nos alimentamos.  
     
     
    Es importante comer bien. Al menos, saber el efecto que tienen los alimentos en nuestro cuerpo. Por ejemplo, cómo elegimos lo que comemos, y por qué comemos. Porque no solo comemos por hambre.
     
    Tradicionalmente la ciencia ha abordado los asuntos alimentarios individualmente. Intentan resolver el problema mediante un modelo, una terapia, una píldora. Nos encontramos algunos modelos o explicaciones acerca de cómo regulamos lo que nos comemos, y poco más.
     
     
    Los que afirman que la cantidad de azúcar, grasa  o proteína que tiene nuestro cuerpo es la misma que define cuánta hambre nos da y cuando nos sentimos saciados. Sin embargo otros sostienen  que el factor más importante son las hormonas, como la insulina y la hormona del crecimiento.
     
    Está comprobado  que ciertas lesiones cerebrales especialmente en el hipotálamo producen más ganas de comer o de pleno eliminarán el hambre.
     
    Otro modelo afirma que tenemos una especie de termostato o punto de ajuste que hace que variemos nuestra dieta para mantener nuestro peso. Sin duda todos estos factores son importantes pero no explican, la siguiente escena:
     
     [Ausio iVoox de Radio Sapiens XXI]
     
     
    Estás cenando en casa de tu abuelita. Ya te comiste el tremendo pastel de carne que te preparó.
    Tus niveles de glucosa y proteína están perfectos. Tu insulina tiene trabajo para rato y no tienes ninguna lesión cerebral. Tu abue te pone en la mesa ese flan de huevo que te hacía cuando eras niño y para colmo te pone ojitos con esa miradita de santa  
     
    Y, claro, será imposible que desprecies semejante manjar.
     
    Queda entendido que la biología se queda corta para explicar por qué accediste a el ritual de tu abuelita.
     
    Para entender el comportamiento alimentario, se requiere la cooperación de varias disciplinas.
     
    Pero ¿Qué es el comportamiento alimentario? Simplemente es todo lo que hace un organismo para alimentarse: Buscar comida, escogerla, guardarla, decidir en qué cantidad consumirla, decidir con quien la comemos y hasta cómo vamos al baño.
     
    Cada una de estas actividades, es muy diferente en cada familia, cultura e individuo. Es fácil ver entonces que en el comportamiento alimentario entran factores cómo lo bioquímico de la composición de los alimentos y biológicos cuando estos alimentos actúan en nuestro cuerpo pero también psicológicos ya que se trata de conductas y hábitos que desarrollamos e inclusive antropológicos y sociológicos porque esas conductas dependen de nuestras tradiciones y cultura en esencia.
     
    Sería muy útil abordar lo alimentario desde una postura trigonométrica y  holística.
     
     
    Un par de ejemplos científicos pueden servir para demostrar que no solo es el hambre la que decide cuándo comemos ¿sabéis lo que es el efecto bufete libre? Fijaos un estudio se ha demostrado que las personas consumen más alimentos si estos tienen aderezos, colores, formas y sabores diferentes (aunque sean iguales en  características nutritivas). Más sorprendente aún es que al preguntarles a los glotones del “bufete libre”,  muchos sujetos no se daban cuenta de que habían comido más.
     
    Otro estudio científico mostró que las personas cambian su conducta al comer si están en presencia del otro sexo. Se llama efecto EVA. Los hombres (algunos) comen a partir de las sugerencias que hacen las mujeres. Lo que prueba y demuestra una vez más, el poder femenino en las vidas de algunos hombres.
     
    Lo más esperanzador es que es posible modificar CONDUCTAS. Sobre todo las que consideramos que son dañinas. Por ejemplo, otro estudio sugiere que LA EDUCACIÓN NUTRICIONAL  INFANTIL, tiene consecuencias positivas aunque el principal obstáculo para lograr el cambio son algunos PAPÁS, sin querer, claro…
     
    También hay que tener muy en cuenta que: la información nutricional que contienen “las etiquetas de los alimentos procesados”, no necesariamente modifica la selección que hacemos de estos..
     
     
    Es muy importante generar  y difundir el conocimiento acerca de todos los factores que intervienen en la conducta alimentaria. Comprender todos los mecanismos involucrados particulares de cada uno de los fenómenos que intervienen en la alimentación, como por ejemplo, el emblemático efecto estrés en la conducta alimentaria o los patrones alimentarios de diversos grupos sociales: desde estudiantes, trabajadores, turistas, o hasta personas con alguna enfermedad. Quizás algún día los investigadores nos puedan explicar ¿Por qué tienen tanto éxito los puestos de hamburguesas, perritos calientes, que tan claramente dicen el daño que sufrirán nuestros cuerpos si los comemos?
     
    Lo que debemos ser conscientes es que cuando elegimos un alimento no solo lo hacemos porque tenemos hambre. Lo ideal es comer comiendo mentalmente mientras comes. De esta manera,  Pronto educarás a comer lo que necesitas y no lo que sin darte cuenta almacenas en tu buzón orgánico, sin pensar que está  almacenando sin saber  que es lo único que estás haciendo.
     
    Sin más y con el consejo más simple:
    ¡¡ COME COMIENDO junto a TU MENTE!! ¡tu mejor compañera!…  ¿o no?
     
    Nos seguimos leyendo…
    Filoteca sin Pauta
     
     

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  • #18550 Respuesta
    Karemi Rodriguez
    Karemi Rodriguez
    Participante
    Son muchos los padres que ante un hijo con un trastorno de la conducta alimentaria no saben dónde acudir ni cómo comportarse. La detección precoz y el inicio temprano del tratamiento son fundamentales para la cura de estos trastornos. En esta guía se exponen las características y síntomas propios de la anorexia y la bulimia, a la vez que se detalla los recursos públicos con los que cuenta la Comunidad de Madrid para acudir en los primeros momentos del proceso de tratamiento.
     
     
     
    ¡Descárgatela aquí! además de pinchando en la imagen de arriba.
     
     
     
     
    ¡Descárgatela aquí! además de pinchando en la imagen de arriba.
     
    ¡Esperamos que os sean de utilidad!
    Karemi Rodríguez

    Psicóloga y Directora
    www.psicok.es
    ---
    sencillezyorden.es/users/karemi-rodriguez/favorites

  • #18554 Respuesta
    PsicoActiva
    PsicoActiva
    Participante
    Os hago un pequeño recorrido sobre LOS CAMBIOS DE CONDUCTAS. 
     
     
    La modificación de conducta, en sentido estricto, comenzó a plantearse a principios del siglo XX en el laboratorio del fisiólogo ruso Iván P. Pávlov, quien adiestró a un perro para salivar cuando oía una campanilla o veía un círculo proyectado en la pared y a no hacerlo cuando veía una elipse (en los primeros casos se le administraba después comida y en el caso de la elipse una descarga eléctrica). Al modificar la forma de la elipse y asemejarla cada vez más a un círculo, la reacción del perro cambiaba: se agitaba y no era posible suscitar en él la respuesta antes condicionada. Este tipo de perturbación generada en el laboratorio se denominó desde entonces ‘neurosis experimental’.
     
    Un segundo hito fundamental para la modificación de conducta tuvo lugar cuando los principios de condicionamiento pavlovianos se generalizaron a los seres humanos. En 1920 el psicólogo conductista estadounidense John B. Watson y su ayudante Rosalie Rayner publicaron un estudio experimental en el que un bebé de 11 meses que había jugado previamente con una rata blanca de laboratorio, fue condicionado a temerla asociando su presencia a un ruido fuerte y desagradable, en lo que se llama emparejamiento de estímulos.
     
    La psicóloga Mary Cover Jones realizó experimentos similares pero diseñados para reducir los miedos ya establecidos en los niños, descubriendo dos métodos particularmente efectivos: el primero, la asociación del estímulo temido con otro estímulo diferente capaz de suscitar una reacción positiva, y el segundo, la ubicación de un niño que siente temor por un objeto determinado junto a otros que no lo sienten (inicio de la experimentación sobre el aprendizaje por imitación de modelos o condicionamiento vicario).
     
    Los psicólogos ingleses, surafricanos y estadounidenses emplearon las técnicas de modificación de conducta en las décadas de 1940 y 1950 con fines clínicos, destacando en este área el médico surafricano Joseph P. Wolpe, quien cuestionó la eficacia de la psicoterapia tradicional para el tratamiento de adultos jóvenes, especialmente aquellos que tenían reacciones de miedo incapacitadoras (como las fobias). Para tratar los trastornos por ansiedad, Wolpe diseñó procedimientos terapéuticos basados en el modelo de condicionamiento clásico pavloviano.
     
    En la misma época, un grupo de psicólogos londinenses, encabezados por Hans Jurgen Eysenck, lanzaron un nuevo programa de investigación sobre el desarrollo de técnicas de tratamiento basadas en la teoría del aprendizaje de los conductistas estadounidenses Clark L. Hull y Kenneth W. Spence.
     
     
    En Estados Unidos se llevaron a cabo dos tipos de investigaciones que ayudaron a determinar el campo de la modificación de conducta: la generalización de los principios del condicionamiento clásico a problemas clínicos como la enuresis nocturna o el alcoholismo, y la aplicación de los principios del  condicionamiento operante o instrumental desarrollados por B. F. Skinner dirigidos a la educación y tratamiento de los niños minusválidos en escuelas e instituciones y al tratamiento de los adultos en hospitales psiquiátricos. 
     
    A comienzos de la década de 1960, la modificación de conducta se había convertido en una especialidad aplicada de la psicología en sus dos ramas: terapia de conducta y análisis de conducta aplicado. 
     
    Determinadas técnicas empleadas en la terapia de conducta se hicieron lo suficientemente relevantes como para adquirir nombres específicos: desensibilización sistemática, terapia de aversión, bio-feed-back (‘biorrealimentación’) y el análisis de la conducta aplicada. 
     
    La desensibilización sistemática 
     
     
    La desensibilización sistemática, la técnica más empleada por la terapia de conducta, intenta tratar trastornos que tengan un origen conocido, como por ejemplo, las <strong style="box-sizing:border-box">fobias a los animales, a los aviones, las fobias sociales o la claustrofobia. El método consiste, por lo general, en <strong style="box-sizing:border-box">entrenar al paciente a relajarse en presencia del estímulo desagradable, que comienza por la presencia distante o la mera mención del objeto y va acercándose gradualmente. La terapia supone que la reacción de ansiedad es sustituida poco a poco por la nueva respuesta de relajación, proceso que se conoce como inhibición recíproca (entre la respuesta fóbica condicionada en el paciente y la respuesta de relajación inducida en el tratamiento).
     
     
    La terapia de aversión  
     
    La terapia de aversión suele emplearse para eliminar hábitos perniciosos. El estímulo desagradable, como un shock eléctrico (pequeño y controlado), se da al mismo tiempo que sucede el ‘hábito negativo’.Las series repetidas del estímulo desagradable y el hábito negativo, pretenden que el estímulo desencadene repulsión, no atracción positiva. Esta forma de terapia ha sido bastante polémica, ya que se cuestiona su eficacia, probablemente porque ni siquiera se atiene al paradigma del conductismo operante defendido por Skinner que, como ilustra en su utopía novelada Walden II, desconfía de la capacidad de los refuerzos negativos para extinguir una respuesta. 
     
    El bio-feed-back o ‘biorrealimentación’ 
     
     La ‘biorrealimentación’ se usa sobre todo en el tratamiento de las alteraciones de la conducta que tienen una base física. Suministra al paciente información sobre procesos fisiológicos tales como la tensión arterial o el ritmo cardiaco. Con la ayuda de dispositivos mecánicos pueden observarse las variaciones puntuales en el funcionamiento del cuerpo humano. El terapeuta podrá compensar los cambios que crea convenientes, como el descenso de la presión sanguínea.
     
    El análisis de la conducta aplicada 
     

    El análisis de conducta aplicada se usa para poner a punto técnicas educacionales y terapéuticas de formato constante pero personalizable. Cinco etapas esenciales caracterizan este enfoque:
    decidir qué puede hacer el paciente para mejorar el problema;
     
    preparar un programa destinado a debilitar la conducta no deseada y a fortalecer la conducta de sustitución;
     
    poner en práctica el programa terapéutico de acuerdo a los principios conductuales;
     
    llevar registros cuidadosamente detallados, y modificar el programa si ello produce mejores resultados.
     

    Por último, hay que destacar que el eje de la terapia conductual no se centra en el análisis de las causas subyacentes de las alteraciones de la conducta, sino sólo en las alteraciones en sí mismas, y que hoy son muchos los que la rechazan en el campo de la psicología.
     

    Espero os haya parecido interesante
    Marta Guerri 
     

    PsicoActiva | Mujer Hoy
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Respuesta a: ¿Realmente comemos cuándo tenemos hambre?

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