Los lóbulos frontales, las emociones y la grafología

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Este debate contiene 1 respuesta, tiene 1 mensaje y lo actualizó PsicoActiva PsicoActiva hace 2 meses, 3 semanas.

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  • #19018 Respuesta
    PsicoActiva
    PsicoActiva
    Participante
    Me gustaría relacionar esto con la grafología. ¿Alguien de grafología puede completar lo siguiente? Fijaos:
     
     
    La corteza cerebral se divide en cuatro áreas o lóbulos: frontal, temporal, parietal y occipital, cada uno de los cuales se encarga de diferentes funciones. A la vez, el cerebro también está dividido en dos hemisferios: el derecho, que nos ayuda a pensar de forma creativa y el izquierdo, que nos incita a realizar el pensamiento de forma mucho más lógica. Por lo tanto, tiene un lóbulo frontal del lado derecho y un lóbulo frontal del lado izquierdo.
     
    Se considera que nuestra personalidad reside en los lóbulos frontales, que es también donde se manejan las emociones, la resolución de problemas, el razonamiento, la planificación y otras funciones. Los lóbulos frontales están vinculados a los centros sensoriales y de memoria en todo el cerebro. Su trabajo principal es permitirnos pensar las cosas y determinar cómo usar la información que se encuentra en otra parte del cerebro.
     
    Partes del lóbulo frontal: Área de Broca, Corteza prefrontal, Corteza motora primaria y Corteza premotora
     
    Resolución de problemas
    El lóbulo frontal realiza el pensamiento de nivel superior. Su actividad nos permite razonar, hacer juicios, planes para el futuro, tomar decisiones, resolver problemas y, en general, controlar nuestro entorno de vida. Sin lóbulos frontales que funcionen plenamente, es posible que tengas inteligencia, pero no podrás utilizarla.
     
    Interacción social
    La corteza prefrontal se encuentra dentro de los lóbulos frontales, y posee la capacidad de acceder a la información y los recuerdos que acumulamos que nos dictan cómo comunicarnos e interactuar apropiadamente en situaciones sociales o públicas. Los lóbulos frontales son responsables del comportamiento empático, que nos permite comprender el pensamiento y las experiencias de los demás. Esta comprensión nos ofrece pistas sobre cómo comportarnos o responder en diferentes tipos de situaciones sociales, como la respuesta correcta a una pregunta de entrevista de trabajo, o entender la ironía de un chiste. El daño a algunas áreas del lóbulo frontal también puede afectar el interés y la actividad sexual.
     
    Movimiento
    Aunque el movimiento y la coordinación muscular se centran en el cerebelo, los lóbulos frontales controlan los músculos voluntarios. Estos son los músculos que usa para caminar, correr, bailar, lanzar una pelota de fútbol o hacer otro movimiento consciente. La orientación espacial, o la capacidad de determinar la posición de su cuerpo en el espacio, también es una función de los lóbulos frontales.
     
    Marta Guerri

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  • #19019 Respuesta
    PsicoActiva
    PsicoActiva
    Participante
    Corteza orbitofrontal y emociones
     
    Numerosos estudios clínicos y experimentales han mostrado la implicación de los lóbulos frontales en las emociones, sobre todo de una zona concreta: la corteza orbitofrontal. La corteza orbitofrontal es un área ubicada en la región ventral medial de la corteza prefrontal.
     
    Por sus conexiones con regiones del córtex frontal y de otras estructuras cerebrales, la parte ventromedial del córtex prefrontal (o corteza orbitofrontal) contiene información de la planificación conductual frontal y del procesamiento sensorial del entorno, lo que le permite de actuar sobre el desarrollo de determinadas conductas y respuestas fisiológicas.
     
    La región orbitofrontal de la corteza frontal tiene un papel muy importante en el procesamiento neural de las emociones.
     
    Se ha podido comprobar que lesiones del córtex orbitofrontal reducen las respuestas emocionales en primates.
     
    Los años treinta y cuarenta fueron testigos de la aplicación de la lobotomía prefrontal, consistente en cortar las fibras de conexión entre la corteza orbitofrontal y el resto del cerebro, en pacientes psiquiátricos.
     
    Después de años de utilización de la lobotomía prefrontal, se pudo recoger suficiente cantidad de datos para describir los graves efectos secundarios que esta originaba a los pacientes.
     
    Principales efectos secundarios de la lobotomía prefrontal
     
    -Embotamiento de las respuestas afectivas
    -Conductas inapropiadas dentro del contexto social
    -Pérdida del comportamiento emocional
    -Incapacidad de anticiparse a las consecuencias de las acciones futuras
    -Cambios de personalidad
    -Riesgo de padecer epilepsia
    -Problemas de incontinencia urinaria
     

    En los últimos años, estudios de Antonio Damasio y colaboradores han demostrado que lesiones de la corteza orbitofrontal en pacientes adultos no alteran la capacidad de valorar el significado social de situaciones teóricas, pero los incapacitan para poder aplicar estas valoraciones en la su vida real. Si la lesión tiene lugar a edades muy tempranas, puede afectar la capacidad de poder aprender un patrón de conducta social en referencia a los valores éticos y morales de la sociedad donde viven.
     
    La lesión bilateral de la corteza orbitofrontal incapacita a los individuos para poder anticipar el resultado de las consecuencias de su conducta.
     
    En 1935, John Fulton, Carlyle Jacobsen y colaboradores de la Universidad de Yale extirparon experimentalmente el córtex prefrontal de una chimpancé, Becky, que manifestaba intensas reacciones agresivas cuando hacía un error en una tarea de aprendizaje donde los aciertos significaban conseguir un refuerzo. Tras la intervención, Becky se mostró muy tranquila e indiferente a los errores en la prueba de aprendizaje. Fulton y Jacobsen comunicaron sus resultados sobre la extirpación bilateral de los lóbulos frontales de la chimpancé en un encuentro científico en la que asistió el neuropsiquiatra luso Egas Moniz. Moniz, animado por los hallazgos de Fulton y Jacobsen, y apoyado por estudios clínicos que sugerían que la extirpación de los lóbulos frontales en pacientes con tumores no provocaba deterioro intelectual, persuadió el neurocirujano Almeida Lima para que operara a toda una serie de pacientes con patologías psiquiátricas, hipotetizando que esta intervención podría aliviar los síntomas de ansiedad y frustración que sufrían los internos.
     
     
    La primera intervención, realizada en noviembre de 1935, consistió en seis pequeños cortes en el tejido prefrontal, mediante una leucotomia. Moniz informó la comunidad científica que la leucotomía no solo no producía efectos adversos a sus pacientes, sino que era capaz de reducir notablemente los síntomas psiquiátricos. Este hecho popularizó la técnica y en los años cuarenta el estadounidense Walter Freeman desarrolló una variación de ésta (la lobotomía transorbital), consistente en desconectar el córtex prefrontal del resto del cerebro mediante la inserción, a través de la órbita ocular, de una varilla afilada; así, se evitaba la trepanación del cráneo, y se podía realizar en la misma consulta del médico en poco más de diez minutos. Años después, surgieron varios estudios que describían los graves efectos secundarios que producía esta intervención quirúrgica.
     
    En 1949, Egas Moniz recibió el premio Nobel de fisiología y medicina por el desarrollo de la lobotomía prefrontal. Posteriormente, quedó parapléjico porque uno de sus pacientes le disparó en la consulta. Películas como “Alguien voló sobre el nido del cuco”, de Milos Forman (1975), o “Monos como Becky”, del director catalán Joaquim Jordà (1999), recogen la implicación social que significó esta técnica en la medicina de mediados de siglo.
     
    Marta Guerri

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