DISCUSIÓN ABIERTA [Foro] Foros DISCUSIÓN ABIERTA [Foro] Grafología: ¿Una nueva Cenicienta? Respuesta a: Grafología: ¿Una nueva Cenicienta?

mariajemariaje
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Hola de nuevo al foro
Freud  sostenía que lo que definitivamente  “cura”  al sujeto es siempre la realidad.
 
Yo me pregunto por qué constantemente nos paramos en el psicoanálisis, como si no hubiera técnicas mucho mejores en psicología en la actualidad. Yo creo Julio que hay muchas realidades que enferman, y en la actualidad esas realidades son corrosivas para el ser humano. Los mas media son tan corrosivos que no dan más que malas noticias, he decidido enterarme de la realidad hasta cierto punto, porque esa nefasta realidad que nos dan manipulada me hastiaba y me hacía daño. Así que Freud no dio en el clavo cuando dijo esa frase y aplicó esa teoría. A él le dolía tanto la realidad que tenía que evadirse con drogas que hoy son consideradas “duras”
 
En clave grafológica,  las ventanas siempre se abren a una nueva realidad porque  toda letra es una realidad individual. Y toda letra marca una realidad subjetiva.
 
Claro que sí, somos en la actualidad muchas personas las que estudiamos la grafología desde un ángulo diferente, sabemos porque la escritura varía de una persona a otra, tenemos diferentes cerebros y hemos generado diferentes circuitos neurales, con arquitecturas diferentes. La interpretación dices que marca una realidad subjetiva, claro que sí no me rasgo las vestiduras por eso, un médico también lo hace, y un psicólogo también, tienen cerebros diferentes y circuitos neurales diferentes, luego su interpretación podrá coincidir en algunos puntos pero en otros no. Y no pasa nada por mantener ciertas diferencias que en algunas ocasiones matan y otras curan. Cruda realidad.
 
Siempre señalo que todo diagnóstico grafológico es definitivamente  un recorte posible de la realidad de un Tú. Una realidad cuya subjetividad cubre y que mi propia subjetividad intentará des-cubrir (Guberman, 2009).
 
De posible nada, de biografía está impregnada la escritura, el saber estudiarla con minuciosidad y ética profesional es lo que se necesita, y en toda escritura también vemos el presente, y como lo está viviendo el escritor, su realidad, no la tuya. Otra cosa diferente es admitir que todos somos subjetivos dentro de una objetividad.
 
El futuro, que se re-inicia en este 2018, nos sigue planteando un problema central, medular, temático: ¿Qué somos los grafólogos?
 
Los grafólogos somos grafólogos, no he pretendido nunca ser otra cosa, pero sé que para serlo tengo que ser multifactorial y dentro de esa multifactorialidad tengo que ser multidisciplinar. No me asusta, lo asumí hace mucho tiempo y lo sigo sosteniendo mal que les pese algunos.
 
Basta de constructos armados, expresiones estereotipadas, frases desconectadas de esta realidad a la que nos dirigimos e interpelamos diariamente en nuestra labor  profesional.
 
Yo no hago eso, soy consciente que hay diferencias tan palpables que no las puedo negar. La ampliación del vocabulario siempre es buena, pero en el idioma de cada uno porque la cultura del país de nacimiento genera una arquitectura cerebral más precisa, o por lo menos el idioma dónde mejor sabemos sus raíces.
 
El ser grafólogo es una construcción. Un bastimento personal acorde a la época, a la historia, a los itinerarios educativos, sociales y psicológicos recorridos y,  fundamentalmente,  a los contextos vigentes  en los que nos desenvolvemos, incluyendo nuestra propia historia edípica.
 
No tengo una historia edípica, lo máximo que tengo es una biografía, y más bien mantengo una constante lucha para que nos tomen en serio, eso se consigue con una buena formación y siendo éticos tanto con los demás como con nosotros mismos. Es que no entiendo cómo se pueden hacer estudios grafológicos en un momento, a mí me lo han pedido incluso en medios de comunicación y no querido, no sirvo para esa clase de grafología barata que no hace más que dilapidar constantemente lo que algunos hemos pretendido desde que estudiamos grafología y sabemos lo que conlleva la palabra grafólogo, y en este caso me incluyo sin tener ninguna duda.
 
La realidad que nos interpela obliga a nuevos paradigmas. A nuevos estudios. A diferentes miradas epistemológicas. A múltiples  escenarios  trasversales.
 
Claro que sí y cuando algunos lo intentamos, allá por el año dos mil, los franceses se me tiraron a la yugular y los italianos reconocieron que habían emprendido y querían ese camino, la renovación y no estoy renegando de mis antepasados grafólogos siempre los tengo presentes, lo más importante es aunar la sabiduría de nuestros anteriores maestros y los nuevos estudios que realizamos en el presente, pero avanzando, y si hay que tirar una teoría abajo se tira, pero siendo consciente de por qué hemos llegado a ese convencimiento. Debemos cuestionarnos hasta nosotros mismos. Yo lo hago, y si tengo que rectificar lo hago, además si aprendo y no entiendo algo lo pregunto, prefiero ser ignorantes un segundo que no toda la vida.
 
Me gusta parafrasear a mi querido colega Axel Rivas (2014), cuando en su bellísimo libro “Revivir las aulas” propone “revivir” la psicopedagogía.
 
¿A qué aulas?, ¿las grafológicas?, la verdad es que hay pocos profesores y menos alumnos. ¿No será que nosotros mismos hemos sido los culpables?.
 
Apuesto definitivamente  a un sí. Se debe, debemos, nos urge, “Revivir la Grafología”.
 
¿Cómo debemos revivirla?, cada vez se escribe menos, desde la escuela se fomenta la tableta, el teléfono inteligente, los ordenadores… ¿Cómo?, estamos perdiendo circuitos neurales que hace milenios desarrollamos, estamos matándolos, ahogándolos y eso significa que nuestra cadena de ADN y ARN se están modificando. Para hacernos una idea: me comentaba un genetista que nuestra cadena se modificaba prácticamente igual que se está modificando nuestra vida cotidiana con tantos adelantos. No dejan respirar, los descubrimientos se suceden a ritmos muy cortos, lo que antes conocíamos como plasticidad a secas, hoy en día ya han descubierto que no hay una sola sino que hay varias.
 
Negar todo esto y que tenemos que sumarnos al ritmo de otras ciencias es necedad, yo no puedo definirlo con ninguna otra palabra.
 
Los escenarios de hoy día, los “stand-up vigentes”, los estilos, los moldes y modelos del siglo XXI han evolucionado desde Michon, de forma tal, que un "solipsismo  metodológico" (Apel, 1973) ya es imposible de sostener. Más todavía: no solamente imposible, sino también ridículo.
 
Pues Jobs fue el que con infinita paciencia creo nuevos tipos de letra, se dio cuenta que todos no teníamos la misma escritura. ¿De verdad que nadie se ha enterado que en Silicon Valley se está llevando a los niños a colegios que vuelven a dar las clases con cuadernos y lapicero?. Algo habrán visto que les haya hecho reflexionar y han decidido apostar por una forma tradicional de aprendizaje.
 
Que en este nuevo año logremos iniciar un camino nuevo dentro de nuestra propia historia grafológica. Como decía Viktor Frankl (1990) que podamos  “conocer lo otro estando junto a él”, ya que no hay solamente una “técnica” sino una clínica; es decir una “práctica”, una “praxis" integradora de todo lo cuantitativo y cualitativo que hay en esa totalidad que un sujeto plasma en su proyección gráfica.
 
Eso es lo que no debe hacer un grafólogo, conocer al otro por la escritura sí, pero como buen grafólogo multidisciplinar debe tener claro que tiene que levantar muros muy bien construidos para poder ayudar al escribiente, de esto depende que podamos ser más objetivos dentro de nuestra subjetividad.
 
Más aún: podemos decir que por encima de esta “clínica” tenemos una "metaclínica", donde surge el “otro lugar”; aquel en el cual todo grafólogo debe inexorablemente estar, permanecer y evolucionar.
 
La metaclínica exige un estudio y evolución constante, nunca puede estar ni permanecer, como he dicho antes, hasta cuestionarse a uno mismo por muy duro que sea.
 
¿Cómo…? Intercambiando, compartiendo, participando, investigando, consultando, reflexionando, colaborando…
 
Exacto, ese es el camino, desde mi punto de vista.
 
La grafología no puede seguir siendo la obsoleta “Cenicienta”, ni los grafólogos, las vetustas, envidiosas y asfixiantes hermanas del  viejo cuento de los hermanos Grimm.
 
En cenicienta la intentan convertir todos los días, lamentablemente se llaman grafólogos, envidias en todas las profesiones las hay así que eso es normal, lo de asfixiantes es otro cantar porque si uno se quiere ahogar por no querer aprender a nadar, eso es irremediable.
 
Felices todos si lo logramos!
Seré feliz si me dejan seguir diciendo: soy grafóloga, sigo estudiando, investigando y sigo sin dejarme avasallar por unos clasistas que no se bajan de su trono y ni siquiera se dignan a escuchar.
 
Y como decia un buen amigo: He dicho
Maria Jesús Villamón.
por supuesto grafóloga y perito calígrafo